Ayer por la tarde, el ascensor del edificio se paró en mi piso. Eh… entro y ahí está él, Juan, el vecino del quinto. Alto, musculoso, con esa camiseta ajustada que marca cada pectoral. Nuestros cuerpos se rozan al girar, su brazo contra mis tetas. Siento su calor, el olor a colonia fuerte. ‘Perdón, Carmen’, dice con esa voz grave, sonriendo pícaro. Bajo la mirada y… joder, veo el bulto en sus pantalones. Mi coño se moja al instante. ‘No pasa nada, vecino’, balbuceo, el corazón latiendo fuerte. Las puertas se cierran, subimos solos. Silencio pesado, solo el zumbido del motor. Su mano roza mi culo ‘por accidente’. Me giro, lo miro fijamente. ‘¿Quieres jugar?’, susurra. La tensión explota. Pulso el botón de parar entre pisos. Nos besamos como locos, lenguas enredadas, sus manos manoseando mis nalgas. ‘Ven a mi piso ahora’, jadea. No pienso, solo deseo el riesgo. Salimos, pasos rápidos por el pasillo oscuro, eco de tacones. Llego a su puerta, entra primero, me arrastra adentro.
La puerta se cierra con un clic. Luz tenue del salón, cortinas entreabiertas, se oye la tele del vecino de al lado. ‘Quítate todo’, ordena, quitándose la camisa. Su torso es puro músculo, vello oscuro bajando al paquete. Me arranco la blusa, falda al suelo. Nuestras pollas… digo, su polla ya dura asoma por el bóxer. La mía no, pero mi coño palpita. Se acerca, me empuja al sofá. Boca en mis tetas, chupando pezones duros, mordiendo suave. Gimo bajo, ‘shhh, nos oirán’. Él ríe, ‘mejor, que se enteren’. Baja, lame mi tripa, llega al tanga empapado. Lo aparta, lengua en mi clítoris, chupando fuerte. ‘¡Joder, qué rico!’, susurro. Dos dedos en mi coño, follándome rápido, jugos chorreando. Me corro rápido, temblando, mordiéndome el labio para no gritar. Él se pone de pie, saca la polla: gruesa, venosa, 20 cm fáciles, cabeza brillante. ‘Chúpala’, dice. Me arrodillo, la meto en boca, saboreo el precum salado. La mama profunda, él gime ‘¡coño, qué boca!’. Me levanta, me pone a cuatro patas en el sofá, cara a la ventana. Entra de golpe en mi coño, polla enorme estirándome. ‘¡Fóllame fuerte!’, pido. Pum pum, embiste brutal, huevos golpeando mi culo. Sudor gotea, pieles chocando, ‘¡ah! ¡ah!’, mis gemidos escapan. Muro fino, oigo pasos en el pasillo. El miedo me excita más, coño apretando su verga. Cambia, dedo en mi culo, lubrica con mis jugos. ‘¿Quieres por detrás?’, pregunta. ‘Sí, rómpeme el culo’. Escupe, mete la punta. Duele rico, entra lenta, luego folla anal sin piedad. ‘¡Tu culo es mío!’, gruñe. Me corro otra vez, chorro de squirt mojando el sofá. Él acelera, ‘me vengo’, y descarga dentro, semen caliente llenándome. Nos derrumbamos, jadeando, su polla saliendo con pop.
El roce accidental que enciende todo
Después, ducha rápida, agua caliente lavando pecados, besos lentos. Me visto, salgo sigilosa, piernas temblando, culo dolorido placentero. Hoy en el pasillo, nos cruzamos. Él con bolsa de compra, yo con la perra. Nuestros ojos se clavan, sonrisa cómplice. ‘Buen día, Carmen’, dice bajo, guiñando. Siento el secreto quemando, mi coño humedeciéndose de nuevo. El vecino de enfrente pasa, ajeno. Asiento, ‘sí, buen día’. Pasos alejándose, pero sé que esto no acaba aquí. El edificio guarda nuestros gemidos.