He estado dándole vueltas desde entonces… No me arrepiento ni un pelo, pero ¿debería volver a su piso? Lo que sí sé es que me hizo correrme como una loca. En el fondo, contaba los días para el martes siguiente.

Ese día llegó. Mi marido, Pablo, volvía tarde del curro, como siempre, no antes de las 22h. Tengo 32 años, secretaria en una oficina, casada hace 6 con Pablo, 35, y un crío pequeño. Soy rubia, ojos verdes, tetas 90C, culito prieto y mido 1,65 con tacones. Me visto sexi: faldas por encima de la rodilla, tangas y lencería fina. Me encanta el sexo, pero con Pablo ya no es tan seguido como quisiera.

La mirada que lo cambió todo

Me preparé con mimo: top de lycra blanco sin sujetador, pezones marcados, tanga transparente, medias hasta el muslo, falda cortita y tacones rojos. A las 19:30, entro en el ascensor del edificio. Vacío. Oigo pasos en el pasillo, el vecino del quinto, Marcos, de unos 40, alto, musculoso, soltero. Nuestras miradas se cruzan siempre, pero esa noche… sus ojos bajan a mis tetas.

El ascensor sube lento, crujiendo. Estamos solos. Siento su mirada quemándome. ‘Qué guapa vas hoy, vecina’, dice con voz ronca. Me acerco un poco, el aire se carga. ‘Tú tampoco estás mal’, respondo mordiéndome el labio. Sus manos rozan mi cintura. El ascensor para en su piso. ‘Sube un rato?’, susurra. El corazón me late fuerte. Asiento. Entramos en su piso, puerta cierra con clic.

Me empuja contra la pared del salón, boca en mi cuello, manos en mi culo. ‘Joder, qué ganas tenía de esto’, gime. Le beso salvaje, lengua dentro. Siento su polla dura contra mi tripa. Baja mi falda, ve la tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’. Río nerviosa. ‘Es por ti, cabrón’. Me quita el top, chupa mis tetas, muerde pezones. Gimo alto, pensando en los vecinos. ‘Cállate o nos oyen’, dice riendo, pero me mete dedos en el coño.

El clímax en su piso y el secreto compartido

Me arrodillo, le bajo los pantalones. Polla gorda, venosa, rasurada, glande roja. La lamo desde las huevos, chupo bolas, meto en boca profunda. ‘¡Qué buena mamada, joder!’, jadea agarrándome el pelo. Se sienta en el sofá, yo a cuatro patas chupando. Le meto un dedo en el culo, lo pistoneo. ‘¡Sí, zorra, así!’. Se corre en mi boca, leche caliente, trago todo, resto chorrea por mi barbilla.

‘Ahora tú, guarra’. Me pone a gatas en el sofá, tanga aparte. Me lame el coño, lengua en el culo. ‘Qué ano tan rico’. Tres dedos en el chocho, dos en el ojete. Saco un vibrador de su cajón, grande. ‘¿Lo quieres en el culo?’. ‘¡Fóllame el culo ya!’. Me lo mete, vibra fuerte, me corro gritando. Otro en el coño, doble penetración. Fotos con el móvil: ‘Para mi archivo privado, preciosa’.

Me folla en levrette, polla en el culo hasta las bolas, vibrador en coño. ‘¡Te gusta doble polla, eh!’. ‘¡Sí, me encanta, fóllame más!’. Nos corremos juntos, su leche en mis entrañas. Sudados, jadeando. ‘Eres una viciosa’.

Son las 21h, me visto rápido. ‘La semana que viene?’, guiña. ‘Claro’. Salgo, piernas temblando. Al día siguiente, en el pasillo, nos cruzamos. Sonrisa cómplice, roce de manos. Oigo a mi marido en casa, pero mi coño palpita recordando. El secreto quema… y quiero más.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *