Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Vivo en un edificio viejo en el centro de Madrid, paredes finas como papel. Una noche de verano, con el calor asfixiante, abro las persianas para que entre un poco de aire. La luz de la habitación de al lado filtra a través de sus stores mal cerrados. Oigo risas… y luego gemidos. Bajo la mirada y los veo: mi vecino del quinto, un tío negro alto y musculoso, como un guerrero, con su novia. Él la tiene empotrada contra la pared del balcón, polla gorda entrando y saliendo de su coño con golpes secos. Plaf, plaf. Ella gime bajito, ‘¡más fuerte, joder!’. Me mojo al instante, toco mi clítoris imaginando esa verga en mí. El peligro de que me pillen mirando me pone a mil.
Al día siguiente, en el ascensor. Solo nosotros dos. Huele a su colonia fuerte, sudor fresco. ‘Buenas’, dice con voz grave, ojos clavados en mis tetas. ‘¿Dormiste bien anoche? Oí ruidos…’. Sonrío, nerviosa. ‘Sí, y tú… ¿fiesta?’. Se acerca, el ascensor cruje. Su mano roza mi culo ‘accidentalmente’. Siento su paquete duro contra mi cadera. ‘Ven a mi piso esta noche, te enseño mis… vistas’. El corazón me late fuerte, subo las escaleras con las bragas empapadas. Toco su puerta a las once, en pijama corto. Abre en calzoncillos, polla marcada. ‘Pasa, puta curiosa’.
La observación que me puso cachonda
Me empuja contra la pared, boca en mi cuello. ‘Te vi mirando, zorra’. Le bajo el calzoncillo, ¡joder, qué pedazo de polla! Gruesa, venosa, cabezona negra reluciente. Me arrodillo, la chupo como loca, lengua en el frenillo, bolas en la mano. Gime, ‘¡joder, qué boca!’. Me levanta, rompe mi braguita, dedos en mi coño chorreante. ‘Estás inundada, vecina’. Me dobla sobre el sofá, polla en la entrada. ‘¡No grites, que nos oigan los del cuarto’. Empuja, me parte en dos. Duele y flipa, coño estirado al límite. Folla brutal, huevos golpeando mi clítoris. ‘¡Más, negro, rómpeme!’. Cambio a vaquera, tetas botando, sudor goteando. Él me agarra el culo, dedo en mi ano. ‘Te voy a llenar’. Oigo pasos en el pasillo, miedo… placer. Me corro gritando bajito, él eyacula dentro, leche caliente salpicando.
Caemos jadeando, polla aún en mí. ‘Secretito nuestro, ¿eh?’. Limpio con su camiseta, salgo temblando. Al día siguiente, pasillo. Cruce de miradas. Sonríe pícaro, mano en mi cintura disimulada. ‘Buen polvo, ¿repito?’. Asiento, coño palpitando ya. El ascensor espera nuestro próximo viaje.