Anoche era tarde, como las once. Acababa de cenar sola, con una copa de vino que me había puesto cachonda. Salí al pasillo a tirar la basura, descalza, en babydoll corto que apenas me tapaba el culo. Oí pasos, risas ahogadas. Eran ellos, mis vecinos del 4ºB. Él, ese moreno de ojos verdes que me ponía cardíaca cada vez que lo veía. Vestido de traje, corbata suelta, olor a colonia cara y alcohol. Ella, su mujer, guapa pero cansada, colgada de su brazo.
Nos cruzamos. ‘Buenas noches, vecinos’, dije con sonrisa pícara. Él me miró de arriba abajo, deteniéndose en mis tetas que asomaban. ‘Mmm, qué casualidad, Lucía’, murmuró, voz ronca. Ella bostezó: ‘Voy subiendo, amor, estoy reventada’. Entró en el ascensor primero. Nosotros detrás. Puertas cerraron con ese zumbido familiar. Silencio pesado. El espacio chiquito, calor de tres cuerpos. Su perfume me invadió, mezclado con mi olor a sexo reciente de masturbarme pensando en él.
La mirada que lo cambia todo en el pasillo
Empezó inocente. Su mano rozó mi cadera ‘por accidente’. Yo no me aparté. Miradas. Ella en su móvil, ajena. ‘Qué elegante estás’, le susurré. Él sonrió, dedo índice trazando mi muslo bajo el babydoll. Subió lento, hasta el borde de mi tanga. Frío metal de la pared contra mi espalda. Corazón latiendo fuerte. Puertas pitaron: piso 3. Ella salió: ‘Nos vemos arriba’. Solos. El botón del 4 iluminado. No pulsé parar.
‘Joder, Lucía, no aguanto más’, gruñó, empujándome contra la esquina. Labios en mi cuello, barba raspando piel. Manos everywhere. Subió falda, tanga a un lado. Dedos en mi coño ya empapado. ‘Estás chorreando, puta’, jadeó. Yo, zipper abajo, saqué su polla dura como piedra. Gruesa, venosa, goteando pre-semen. Ascensor subía lento, zumbido cubriendo nuestros jadeos.
Me arrodillé en el suelo sucio. Boca abierta, lengua lamiendo glande. Sabía a sal, a él. Lo tragué entero, garganta apretando. Él gemía: ‘Sí, chúpamela, vecina zorra’. Mano en mi pelo, follando mi boca. Arriba-d abajo, saliva chorreando. Sus dedos ahora en mi culo, uno entrando, lubricado con mis jugos. ‘Me vas a hacer correrte’, avisó. No paré. Ascensor pitó: 4º. Puertas a abrir en 10 seg.
El clímax brutal entre gemidos y miedo
Me levantó, piernas alrededor su cintura. Polla directo al coño, embestida brutal. ‘¡Ahhh!’, grité bajito. Pared fría contra espalda, su pecho sudoroso pegado. Follando duro, rápido. Plaf plaf, carne contra carne. ‘Cállate o nos oyen’, susurró, pero él gemía más. Coño apretando, clítoris frotando pubis. ‘Me corro, joder’, chillé. Él dentro, leche caliente llenándome. Temblores. Semen bajando muslo.
Puertas abrieron. Salimos hechos mierda, sonrisas culpables. ‘Hasta mañana’, guiñó. Corrí a mi piso, piernas temblando.
Hoy, pasillo, nueve de la mañana. Café en mano. Él saliendo con traje limpio. Ojos se cruzaron. Sonrisa secreta. ‘Buenos días, Lucía. ¿Dormiste bien?’, voz inocente. Su mujer detrás, ajena. Sentí calor en coño otra vez. ‘Como un angelito’, mentí, mordiéndome labio. Rozó mi mano al pasar. El secreto quema. Mañana, ¿ascensor otra vez? Joder, el riesgo me mata… y me enciende.