Vivo en un viejo edificio en el centro, de esos con ascensor chirriante y paredes finas. Mi vecino del quinto, Marcos, es un tipo fornido, con brazos tatuados y esa mirada que te desnuda. Siempre nos cruzamos en el pasillo, un hola seco, pero sus ojos se clavan en mis tetas. Yo… bueno, soy de las que se moja con el riesgo, con esa adrenalina de ser vista o pillada.

El otro día, volvía tarde del gym, sudada, leggings ajustados marcando el culo. Oí sus pasos pesados en el pasillo, ese tac-tac de botas. Entramos al ascensor juntos. Silencio. El aire cargado, olía a su colonia mezclada con mi sudor. Se paró entre el 3 y 4, un traqueteo. ‘Mierda, se ha parado otra vez’, murmuró él, acercándose. Nuestras manos se rozaron al pulsar el botón. Sentí su aliento en mi cuello. ‘¿Calor, eh?’, dijo, voz ronca. Mi corazón latía fuerte. Lo miré, mordiéndome el labio. Sus dedos subieron por mi brazo, lentos. No pude más. Lo besé, salvaje, lengua dentro, saboreando su boca.

La tensión que sube en el ascensor compartido

‘Joder, nena…’, jadeó, empujándome contra la pared. Sus manos en mi culo, apretando. Bajé la cremallera de sus vaqueros, saqué esa polla gruesa, ya dura como piedra. ‘Aquí no, vamos a mi piso’, susurré, pulsando el botón de emergencia. El ascensor se abrió en mi planta. Lo arrastré al pasillo, risas ahogadas, miedo a que alguien saliera. Entramos, puerta slam. Caímos en el sofá, ropa volando.

Me arrancó las bragas, ‘Qué coño tan mojado, puta’, gruñó, metiendo dos dedos, chapoteando. Gemí alto, ‘Cállate, que nos oyen los del bajo’. Pero no paré, le chupé la polla, bolas en la boca, saliva goteando. ‘Trágatela toda, zorra vecina’. La mamé profunda, garganta apretada, hasta que me levantó, piernas abiertas en el borde del sofá. Me la clavó de un golpe, ‘¡Ahhh, joder, qué prieta!’, embistiendo fuerte, tetas botando. El sofá crujía, plaf-plaf contra mi culo. ‘Fóllame más duro, cabrón, rómpeme el coño’. Sudor, olor a sexo, luz filtrando por las persianas, sombras bailando. Cambiamos, yo encima, cabalgando esa verga gorda, clítoris frotando, ‘Me corro, me corro…’. Él me agarró las caderas, ‘Córrete, puta, moja mi polla’. Explosión, chorros, yo gritando, él llenándome de leche caliente, ‘Toma, toda dentro’.

El polvo brutal y el miedo a ser oídos

Agotados, jadeando. ‘Joder, qué pasada’, murmuró, besándome el cuello. Nos vestimos rápido, risas nerviosas. ‘Si alguien oyó…’. Salí con él al pasillo, fresco de la noche.

Al día siguiente, bajando la basura, nos cruzamos. Ojos que se comen, sonrisa pícara. ‘Buenas noches vecina’, guiñó, rozando mi mano. Sentí el calor subir otra vez. ‘Sí, muy buenas’, susurré, coño palpitando. El secreto quema, y sé que repetiremos. Ese pasillo ya no es el mismo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *