Ayer por la tarde, estaba en mi balcón fumando un cigarro, con el aire fresco rozándome las piernas desnudas bajo la falda corta. La luz del atardecer filtraba por las persianas del vecino de al lado, el italiano del 4º, Gianni. Lo vi clarito: estaba en calzoncillos, con la polla dura en la mano, pajeándose frente al espejo. Sus gemidos ahogados llegaban hasta mí, mezclados con el ruido lejano de los coches. Me mojé al instante, imaginando esa verga gorda entrando en mi coño. Apagué el cigarro y me metí dentro, pero el corazón me latía fuerte.

Bajé a por pan, el pasillo olía a cena de las vecinas. En el ascensor, ¡zas!, se abrió en el 4º y entró él, Gianni, con esa sonrisa pícara y los ojos negros que me traspasaban. ‘Buenas tardes, preciosa’, murmuró con acento italiano, rozándome el brazo al pulsar el botón. El espacio era chiquito, su olor a colonia y sudor me invadió. Sentí su mirada bajando por mi escote, mis pezones se pusieron duros. ‘Te vi ayer… desde el balcón’, solté de repente, con la voz temblorosa. Él se rio bajito, se acercó más. ‘¿Y qué viste exactamente?’ Sus dedos rozaron mi cadera. El ascensor pitó en la planta baja, pero pulsó el stop. ‘No bajes aún’, susurró, y me besó el cuello. La barrera saltó ahí, en ese cubículo metálico, con el peligro de que alguien llamara.

La mirada voyeur y la tensión en el ascensor

Me giró contra la pared, levantó mi falda y metió la mano en mis bragas. ‘Estás empapada, puta’, gruñó, frotando mi clítoris hinchado. Jadeé, mordiéndome el labio para no gritar. ‘Shhh, que nos oyen los del bajo’, dije, pero abrí las piernas. Sacó su polla, gruesa y venosa, y me la restregó por el culo. ‘Te la meto ya’, dijo, escupiendo en su mano para lubricar. Empujó fuerte, mi coño se abrió tragándosela entera. ‘¡Joder, qué prieta!’, gimió, follándome con embestidas brutales. El ascensor temblaba, ruidos de pasos en el pasillo de arriba nos pusieron cardiacos. Yo me arqueé, clavándome las uñas en las paredes, sintiendo su vientre peludo contra mi espalda. ‘Más rápido, cabrón, rómpeme el coño’, le pedí ahogada. Metió un dedo en mi culo, dilatándome mientras me taladraba. El placer era eléctrico, sudábamos como cerdos, mis jugos chorreaban por sus huevos. ‘Me corro, agárrate’, avisó, y noté su leche caliente llenándome, chorro tras chorro. Yo exploté después, temblando, mordiendo su hombro para callar mis gritos. Oímos voces cerca, pulsó el botón rápido.

Salimos como si nada, él guiñándome el ojo. Arriba, en mi piso, me corrí otra vez masturbándome con su semen goteando. Al día siguiente, en el pasillo, nos cruzamos con la compra. ‘Buenos días, vecina’, dijo con voz normal, pero su mirada… uf, cargada de ese secreto sucio. La vieja del 2º pasaba, ajena. Le roce la mano disimuladamente, sintiendo el cosquilleo de nuevo. ‘Esta noche, balcón’, susurró. Sonreí, mordiéndome el labio. Ese forbidden thrill con el vecino me tiene enganchada.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *