Vivo en un edificio viejo de Madrid, paredes finas como papel. Cada noche, oigo gemidos desde el piso de al lado. Pablo y su mujer, Carla. Eh… no puedo evitarlo. Me acerco a la ventana, stores entreabiertos, luz amarilla filtrando. Los veo. Él entre sus piernas, lamiendo su coño con hambre. Ella gime bajito, tetas subiendo y bajando, cabeza echada atrás. Mi pulso se acelera, mano bajando sola a mi entrepierna. Soy voyeur, adoro esto. El frisson de lo prohibido, tan cerca, separados por un metro de aire fresco del balcón.

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Los días pasan, tensiones suben. En el ascensor, nos cruzamos. Pablo, alto, moreno, ojos que queman. Primera vez, roce accidental de manos. Siento su calor. Sonrío, él guiña. Otro día, solos, su cuerpo pegado al mío. ‘¿Bien dormida anoche?’, susurra, voz ronca. Sé que sabe que los espío. Mi coño palpita. En el pasillo, pasos ecoando, luz fluorescente parpadeando. Me frena con la mano en la cadera. ‘Ven esta noche’, murmura. No digo nada, solo asiento, pezones endureciéndose bajo la blusa.

La vigilancia secreta y la tensión en el pasillo

Llegó la hora. Bajo al ascensor, nervios comiéndome viva. Puertas se cierran con ese clic metálico. Estamos solos. Él se gira, me empuja contra la pared fría. ‘No aguanto más verte mirándome así’, gruñe. Sus labios aplastan los míos, lengua invadiendo, sabor a cerveza y deseo. Manos everywhere. Levanta mi falda, dedos hurgando mi tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’, dice riendo bajito. Me baja las bragas de un tirón, aire fresco en mi coño expuesto. Yo le desabrocho el pantalón, polla saltando dura, venosa, goteando precum.

Kneels, me la mete en la boca. Chupo fuerte, lengua girando en el glande, bolas pesadas en mi mano. Gime, ‘joder, qué boca’. Pero quiere más. Me pone de pie, gira, manos en la pared. ‘Voy a follarte como a una perra’. Siento la punta contra mi raja, resbaladiza. Empuja, entra de golpe, estirándome. ‘¡Ahhh!’, grito, pero tapa mi boca. Embestidas brutales, polla hundiéndose hasta el fondo, coño apretando. El ascensor tiembla levemente, ruidos de cables. Miedo: ¿y si alguien pulsa? Placer del riesgo me enloquece. ‘Más fuerte, cabrón’, susurro. Me agarra las tetas, pellizca pezones, folla sin piedad. Sudor goteando, olor a sexo llenando el aire cerrado. Siento su polla hincharse, ‘me corro’, jadea. Yo exploto primero, coño convulsionando, jugos bajando piernas. Él eyacula dentro, chorros calientes inundándome, gemido ahogado.

El clímax brutal y el regreso cargado de secreto

Sale el semen chorreando cuando se retira. Me limpio rápido con kleenex del bolso, ropa en su sitio. Puertas abren en su piso. Salimos, risas nerviosas. ‘Hasta mañana’, dice con guiño.

Al día siguiente, pasillo estrecho, olor a café matutino. Paso por su puerta, ahí están: Pablo y Carla, hablando. Él me mira, sonrisa pícara, mano en su cintura. Ella saluda normal, ‘buenos días’. Siento el secreto quemando, mi coño aún sensible recordando su polla. Nuestros ojos se cruzan un segundo, complicidad eléctrica. Camino a mi puerta, piernas flojas, pensando: la vida en este edificio es un puto vicio.

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