Vivo en un edificio viejo del centro, de esos con ascensor que cruje como si se fuera a caer. Mi vecino del cuarto, Pablo, es un tío alto, moreno, con esa barba de tres días que me pone. Lo veo siempre por el pasillo, pasos pesados en el suelo de madera, eco que me eriza la piel. Una noche, desde mi balcón, lo pillo en el suyo fumando sin camiseta, músculos brillando bajo la luz de la farola. Joder, su pecho… me mojo solo de mirarlo.

Al día siguiente, entro en el ascensor y ahí está él, solo. Puertas se cierran con ese pitido agudo. Estamos pegados, huele a su colonia mezclada con sudor del gym. Nuestros brazos se rozan, accidental… o no. Levanto la vista, sus ojos verdes me clavan. ‘¿Calor hoy, eh?’, dice con voz ronca. Asiento, mordiéndome el labio. El ascensor para en su piso. ‘Sube un rato, tengo una botella de vino fría’, murmura. Dudo, corazón latiendo fuerte. ‘Vale… pero solo un rato’. Entramos en su piso, puerta cierra con clic seco. Luz filtrando por las persianas, aire fresco del balcón abierto.

La tensión en el ascensor que lo cambió todo

Se acerca, mano en mi cintura. ‘Te he visto mirándome anoche’, susurra. Le beso, salvaje. Lenguas enredadas, sabor a menta y deseo. Manos bajan mi falda, zipper rasgando silencio. Quedo en bragas, pezones duros contra su camisa. Él se quita todo, polla ya tiesa, gruesa, venosa. ‘Joder, qué grande’, gimo. Me empuja al sofá, persianas entreabiertas, vecinos podrían ver. Boca en mis tetas, chupando pezones hasta doler de placer. Dedos en mi coño, ya chorreando. ‘Estás empapada, puta vecina’, ríe bajito.

Me pone de rodillas, polla en mi cara. La chupo, lengua en el frenillo, bolas en la mano. Gime fuerte, ‘Cállate o nos oyen’. Pero no para, empuja garganta adentro, saliva goteando. Me levanto, él me dobla sobre la mesa. Entra de golpe, coño lleno, estirado. ‘¡Fóllame fuerte!’, suplico. Golpes secos, piel contra piel, mesa crujiendo. Sudor gotea, olor a sexo invade. Miro persiana, sombra pasa fuera. ‘Cuidado, tíos al lado’, jadea. Acelera, mano en mi clítoris, frota brutal. Corro, coño apretando su verga, grito ahogado.

El polvo intenso con riesgo de ser oídos

Cambia posición, yo encima en el sofá. Cabalgo, tetas rebotando, uñas en su pecho. ‘Me vas a hacer correr’, gruñe. Siento su polla palpitar, hinchada. Baja mano a mi culo, dedo en el ano, juego sucio. Otro orgasmo me parte, piernas temblando. Él flipa, ‘No aguanto’. Se corre dentro, leche caliente llenándome, chorros potentes. Gimo bajito, mordiendo su hombro. Cae semen por mis muslos, pegajoso.

Nos quedamos jadeando, cuerpos pegados, sudor enfriándose. ‘Ha sido una locura’, digo riendo suave. Él besa mi cuello, ‘Repetimos mañana?’. Duermo un rato en su pecho, despierto con luz del alba filtrando.

Al día siguiente, pasillo. Pasos míos, eco. Él sale, mirada cómplice. ‘Buenos días, vecina’, guiña. Sonrío, coño aún sensible. ‘Sí, muy buenos’. Nadie sabe nuestro secreto, pero cada crujido del edificio me excita. ¿Y si hoy el ascensor falla otra vez?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *