Ayer por la noche no podía dormir. El aire fresco del balcón me erizaba la piel, fumaba un cigarro mirando las luces de la ciudad. De repente, oí voces en el piso de al lado. Mis vecinos, Alex y Camila. Él, moreno, tipo mediterráneo, con ese cuerpo que me hace mojarme cada vez que lo veo en el gimnasio del edificio. Ella, riendo nerviosa. ‘¿Lo amo? Sí, pero a ti también, joder’, decía ella. Él gruñía: ‘¿Y yo qué? ¿Me compartes como a esa zorra de Emilie?’ Pasos pesados en el pasillo, la puerta se cerró de golpe. Sonreí, me encanta ese frisson del voyeurismo, el peligro de la proximidad.

Salí a tirar la basura, el pasillo olía a humedad y a su colonia fuerte. Alex estaba ahí, apoyado en la pared, teléfono en mano. Nuestras miradas se cruzaron. ‘Eh, Lola… no duermes?’, murmuró, voz ronca. Subimos al ascensor juntos, espacio diminuto, calor subiendo. Su muslo rozó el mío. Me giré, le sonreí, puse la mano en su pierna, apreté fuerte. ‘Camila te tiene loco, ¿eh?’, susurré. Él tragó saliva: ‘Tú… siempre espiando, ¿no? Sé que miras por las persianas’. El ascensor zumbaba, luz parpadeante. Mi mano subió, noté su polla endureciéndose bajo los pantalones. ‘Joder, Alex…’, dudé, pero él me besó, lengua golosa, manos en mis tetas.

La tensión que subía en el pasillo y el ascensor

La barrera cayó. Pulsó el botón de parada entre pisos. ‘Aquí, ahora’, gruñó. Me levantó la falda, dedos en mi coño ya empapado. ‘Estás chorreando, puta curiosa’. Me arrodillé en ese cubículo sucio, saqué su polla gruesa, venosa, glande hinchado. La lamí despacio, del tronco al capullo, saliva goteando. Él gemía bajo: ‘Chupa, joder, más hondo’. La metí en la boca, pompé fuerte, lengua en los huevos. Me masturbaba el clítoris, hinchado, resbaladizo. Me levantó de un tirón, me apoyó contra la pared fría. ‘Te voy a follar como a Camila’. Empujó su polla en mi coño húmedo, de un golpe, hasta el fondo. Grité ahogado, brazos en su cuello, besos salvajes.

El polvo intenso y el secreto del día siguiente

Me sostenía las nalgas, dedo en mi culo apretado, entrando y saliendo. ‘Te encanta, zorra, el dedo en el ojete mientras te empalo’. Jadeaba, coño contrayéndose, orgasmos en cadena. El ascensor temblaba con cada embestida, polla rozando mi punto G. ‘Cállate, nos oyen’, siseó, pero follaba más duro, huevos golpeando mi culo. Sudor mezclado, olor a sexo crudo. ‘Me corro… dentro’, avisó. Sentí la leche caliente llenándome, chorros potentes. Me corrí otra vez, piernas temblando, mordiéndome el labio para no chillar.

Reiniciamos el ascensor, salimos jadeantes. ‘Mañana no digas nada’, guiñó. Entró en su piso, yo en el mío, coño goteando su semen. Esta mañana, cruce en el pasillo. Él con Camila de la mano, comprando pan. Nuestras miradas: fuego puro, secreto quemando. Ella ni idea. Sonreí, él se lamió los labios. El pasillo nunca fue tan excitante. Amo este edificio, este peligro constante. ¿Repetimos?

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