Me llamo Lucía, vivo en un viejo edificio en el centro de Madrid. Mis vecinos del quinto, Herbert y Eva, acaban de volver de una excavación en África. Los vi cargar cajas polvorientas en el ascensor ayer. Él, cuarentón atractivo, con barba de tres días y ojos intensos. Ella, morena despampanante, con curvas que matan. Anoche, desde mi balcón, con las luces filtrando por las persianas entreabiertas, los pillé. Estaban en su salón, besándose como locos. Él le metía mano bajo la falda, ella gemía bajito. El corazón me latió fuerte, el coño se me mojó solo de mirar. Apagué la luz, pero no pude dejar de espiar. El frisson de ser vecina, de saber sus secretos… me pone a cien.
Hoy, bajo al portal. Oigo sus pasos en la escalera, pesados, con eco. En el ascensor, solo él. Huele a tierra y sudor, a aventura. Nuestras miradas se cruzan en el espejo. ‘¿Qué tal la excavación?’, pregunto, voz ronca. Él sonríe, se acerca un poco. ‘Intensa… como tú pareces’. Su mano roza mi cadera. El ascensor para en mi piso. Dudo. ‘Sube un rato, Eva está fuera’, murmura. El pulso me sube. Entro en su piso, puerta cierra con clic suave. La tensión explota. Me empuja contra la pared del pasillo, boca en mi cuello. ‘Te vi mirando anoche’, susurra. ‘Sí… no pude evitarlo’, balbuceo, manos en su pecho duro.
La chispa en el ascensor
Nos arrancamos la ropa como animales. Su polla sale tiesa, gruesa, venosa. La agarro, palpito en mi palma. ‘Joder, qué grande’, gimo. Me arrodillo, la chupo honda, saliva chorreando. Él gruñe, dedos en mi pelo. ‘Así, guarra’. Me pone a cuatro en el sofá, donde folló a Eva ayer. Miro las persianas, ¿y si alguien mira? Ese peligro me calienta más. Me abre las piernas, lengua en mi coño empapado. Lamida el clítoris, dedos dentro, chapoteo húmedo. ‘Estás chorreando, Lucía’. Gimo alto, tapándome la boca. Oigo pasos en el pasillo… ¿Eva? No, vecinos. El miedo me aprieta el estómago, pero sigo.
El polvo intenso y el secreto compartido
Me penetra de golpe, polla hasta el fondo. ‘¡Ahhh!’, grito ahogado. Bombeada fuerte, piel contra piel, slap slap slap. Sus huevos chocan mi culo, sudor gotea. ‘Fóllame más duro’, suplico. Me voltea, misionero brutal, pechos rebotando. Me agarra el cuello suave, ojos en los míos. ‘Eres una puta voyeur’. Asiento, uñas en su espalda. Cambio a vaquera, cabalgo salvaje, coño tragando su verga. Gimo sin control, ‘Me corro… joder’. Él embiste arriba, ‘Córrete en mi polla’. Explosión, chorro caliente en mi interior. Colapso sobre él, jadeos entrecortados, olor a sexo puro.
Minutos después, nos vestimos deprisa. ‘Vuelve cuando quieras’, dice con guiño. Salgo, piernas temblando. Mañana, en el pasillo, nos cruzamos. Él con Eva del brazo, yo con bolsa de basura. Nuestras miradas chocan, sonrisa cómplice. Ella no nota nada. Él roza mi mano al pasar. ‘Buen día’, dice casual. ‘Sí… muy buen día’, respondo, coño aún palpitando. Ese secreto quema, promete más. El edificio entero parece saberlo, en silencio.