Vivo en este viejo edificio de Madrid, paredes tan finas que oigo todo. Mis vecinas del piso de enfrente, Lucía la pelirroja dulce, con curvas suaves, y Ana la morena atlética, fuerte como una diosa. Una noche, la luz filtra por las persianas entreabiertas de su balcón. Me asomo, el aire fresco me eriza la piel. Veo sus siluetas: Ana lame el coño de Lucía contra la barandilla, gemidos ahogados, ‘¡Sí, chúpame más, joder!’. Lucía jadea, tetas rebotando, dedos hundidos en el pelo negro. Mi coño se moja solo mirando, el corazón latiendo fuerte. ¿Y si me pillan?
Al día siguiente, en el ascensor. Ana entra, sudada del gym, olor a sudor y perfume. Nuestras miradas chocan. ‘¿Oíste algo anoche?’, susurra con sonrisa pícara. ‘Todo’, digo, voz temblorosa. Su mano roza mi culo, ‘Ven esta noche, balcón abierto’. El ascensor para, pasos en el pasillo, nos separamos. Tensión brutal, pezones duros bajo la camiseta.
La curiosidad que enciende el fuego
Llego a su piso a medianoche, puerta entreabierta. Lucía me arrastra adentro, beso húmedo, lengua invasora. ‘Ana nos vio espiando, le encanta’. Desnudas en segundos. Ana me empuja al sofá, ‘Abre las piernas, voy a follarte ese coño curioso’. Su lengua ataca mi clítoris, chupando fuerte, dedos metiéndose hasta el fondo, ‘¡Estás empapada, puta vecina!’. Gimo alto, ‘¡Cállate o nos oyen!’, pero ella ríe, mete tres dedos, me folla rápido, chapoteo obsceno. Lucía se sienta en mi cara, coño pelirrojo goteando, ‘Lámeme, como mirabas’. La como voraz, sabor salado, ella se retuerce, ‘¡Sí, joder, así!’. Ana saca un consolador enorme, negro, me penetra brutal, ‘¡Toma polla de vecina!’, embiste, tetas contra mi espalda. Cambio: follo a Lucía con él, Ana me lame el culo, dedo en mi ano apretado. Gemidos everywhere, ‘¡Voy a correrme!’, grito bajito. Lucía eyacula en mi boca, chorros calientes. Ana me monta, frotando coños, clits chocando, sudor mezclado. Orgasmo grupal, cuerpos temblando, miedo a los vecinos del piso de abajo.
Al día siguiente, pasillo. Lucía pasa, guiño, mano en mi hombro. ‘Gracias por el secreto’. Ana sale del ascensor, mordiéndose labio, ‘Repetimos?’. Sonrojo, coño palpitando aún. Nuestros ojos dicen todo: el edificio guarda nuestro fuego prohibido.