Soy Carmen, vivo en un viejo edificio de Barcelona, calor de verano que pega la ropa al cuerpo. Mis vecinos del 4ºB, Pablo y Marta, son una pareja de unos 30, siempre con risas picantes que se oyen por las paredes finas. Una noche, abro el balcón para aire fresco, la brisa marina roza mi piel desnuda bajo el camisón. Luz amarilla filtra sus persianas entreabiertas. Los veo: Marta en tanga ligera, Pablo le soba las tetas por debajo de la camiseta, pezones duros marcándose. Ella le baja el pantalón, polla saltando erecta, venosa. Se la mama gimiendo bajito, él la mete dedos en el coño, chapoteo húmedo audible. Me mojo al instante, clítoris palpitando, toco mi chochito viendo cómo la pone a cuatro y la penetra fuerte, culazo rebotando.

Al día siguiente, pasillo desierto, pasos de Pablo retumban. ‘Hola, Carmen, ¿bien el calor?’ Su voz ronca, ojos bajan a mi escote. ‘Uf, sudando… ¿y vosotros?’ Sonrío cómplice. Ascensor llega, entramos solos, aire cargado. Puertas cierran con clic metálico. Rozamos caderas. ‘Ayer… en el balcón, ¿viste?’ Murmura, mano en mi muslo. Dudo, ‘Eh… sí, algo.’ Labios chocan, lenguas enredadas, saliva dulce. Su polla presiona contra mí, dura como piedra. ‘Joder, Marta no está, ven.’ Bajamos sótano, parking oscuro, olor a gasolina y humedad.

La Mirada Voyeur que Enciende la Chispa

Allí, contra el muro frío, me arranca la blusa. Tetas libres, pezones erectos por el frescor. ‘Puta viciosa, sin sujetador.’ Chupa fuerte, muerde, gimo ahogada. Bajo su cremallera, polla gorda, peluda aún. ‘Quítamela, rásala como a Marta.’ La chupo voraz, lengua en el glande salado, bolas en boca, succiono. Él me sube falda: ‘¡Sin bragas, coño mojado!’ Dedos hunden en mi chorreo, tres de golpe, follando mi vagina. Me corro rápido, jugos bajando piernas, ‘¡Shh, que suba alguien!’ Pero él me gira, polla embiste mi coño de perrito. Golpes secos, eco en el sótano, piel chapoteando. ‘¡Fóllame más, cabrón!’ Grito bajito, orgasmo tras orgasmo, paredes contraídas ordeñándolo.

La Follada Brutal y el Riesgo de Ser Descubiertos

De repente, luz de linterna: Marta. ‘¿Qué coño…? Joder, qué caliente.’ Se une, body de gym pegado por sudor, camello visible. ‘Rásalo ya.’ Mousse en su mano, aplica en pubis de Pablo, rasoir raspa pelos, piel lisa emergiendo. Yo me siento en capó coche, piernas abiertas. Marta lame mi coño depilado a medias, lengua experta en clítoris. Pablo, ahora glande brillante sin vello, me folla garganta mientras ella me come. Cambio: Pablo penetra a Marta por detrás, yo bajo a lamer sus huevos lisos, cyprine chorreando. Gemidos triplicados, ‘¡Callad, los del bajo oyen!’ Pero follamos sin filtro, él eyacula en mi boca, leche espesa tragada, resto en tetas de Marta. Nos lamemos mutuas, dedos en culos, placer prohibido explotando.

Ducha rápida en el baño común, jabón resbalando cuerpos, caricias finales. Vestimos temblando, subimos callados. Al día siguiente, pasillo, cruce casual. Pablo guiña: ‘Buen día, ¿eh?’ Marta roza mi mano, sonrisa pícara. ‘Repetimos?’ Susurro. Secreto quema, miradas cargadas de promesas, vecinos para siempre con este fuego compartido.

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