No hace ni 24 horas. Vivo en un edificio viejo del centro, paredes finas como papel. Anoche, sobre las dos, oigo ruidos. Gemidos ahogados, el crujir de la cama. Eh… vengo del baño, luz apagada, me acerco a la ventana. La persiana mal cerrada deja filtrar una luz tenue del piso de al lado. Mis vecinos, Pablo y su mujer Marta. Él alto, musculoso, ella curvilínea, tetas grandes. Los veo borrosos: ella a cuatro patas, él embistiéndola fuerte por detrás. ‘¡Sí, más duro, joder!’, susurra ella. Mi coño se moja al instante. Me toco despacio, imaginando su polla gruesa entrando en mí. El aire fresco del balcón me eriza la piel. Cierro los ojos, pero no puedo parar de mirar.

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Al día siguiente, voy al trabajo. Bajo en el ascensor, solo. Puerta se abre en el quinto, entra Pablo. Sudado, camisa ajustada marcando pectorales. ‘Hola, vecina’, dice con sonrisa pícara. Nuestros brazos rozan, eh… chispa eléctrica. ‘Buenas noches anoche, ¿eh?’, suelto, juguetona. Se ríe, nervioso. ‘¿Oíste? Marta es una puta en la cama’. Tension sube. Sus ojos bajan a mi escote, falda corta que me marca el culo. El ascensor para entre pisos, luz parpadea. ‘Joder, qué ganas de tocarte’, murmura, acercándose. Su mano en mi cintura. Lo miro, corazón latiendo. ‘Hazlo’, digo bajito. Nos besamos feroz, lenguas enredadas, sabor a café en su boca.

La mirada indiscreta que encendió todo

Barandilla cae. Me gira contra la pared fría del ascensor, sube mi falda. ‘Estás empapada, puta’, gruñe, metiendo dedos en mi tanga. Gimo, ‘Shh, nos oirán’. Pero me da igual el riesgo. Baja mis bragas, rodillas al suelo. Saca su polla, gorda, venosa, cabezona. ‘Chúpamela, vecina’. La engullo, saliva chorreando, vaivenes profundos hasta la garganta. Él gime, ‘¡Joder, qué boca!’. Me pone de pie, piernas abiertas. Me penetra de un golpe, ‘¡Ahhh!’, grito suave. Embiste brutal, polla reventándome el coño. Paredes metálicas vibran, eco de carne contra carne. ‘Cállate o nos pillan’, dice, tapándome la boca. Sudor perla su frente, yo clavo uñas en su espalda. Cambio: me sube, piernas enroscadas, follando en el aire. ‘Me voy a correr dentro’, jadea. ‘¡Sí, lléname!’, suplico. Eyacula caliente, chorros potentes. Yo exploto, coño contrayéndose, jugos bajando por muslos.

El clímax brutal y el secreto compartido

Paramos jadeantes. Sube bragas, cierra cremallera. Ascensor arranca, ding. Salimos normales, pero piernas temblando. ‘No le digas a Marta’, guiña. Sonrío, cómplice.

Hoy, cruce en el pasillo. Marta sale con bolsas, nos mira raro. ‘Buenos días’, digo, sonriendo. Pablo detrás, mano roza mi culo disimulado. Secretos queman. Noche tras noche, esperaré más ruidos. O los provocaré yo.

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