Vivo en este viejo bloque de Madrid, paredes tan finas que oigo todo. El vecino del 4ºB, un artista mayor, soltero desde su divorcio. Lo pillo a veces por la ventana entreabierta, garabateando desnudos en su taller. Hace meses que su ahijada vino de visita, embarazada como yo ahora, cinco meses. La vi llegar, rellenita, cachonda a reventar. Oí risas, susurros… y gemidos. Me ponía burro imaginarlo.

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Ayer, en el ascensor, nos pillamos. Yo bajando con la compra, él subiendo con lienzos. ‘¡Ey, qué barriguita más rica!’, dice con esa sonrisa pícara. Me sonrojo, pero el calor sube. ‘Sí, el cabrón de mi marido me la pegó con su puta del trabajo’, suelto sin pensar. Se ríe, me mira el culo apretado en los leggings. ‘Ven a mi piso, te dibujo como musa renacentista. Gratis’. El ascensor para en su planta. Dudo… entro. Puerta cierra con clic.

La mirada que enciende todo

Su taller huele a óleo y tabaco. ‘Quítate la ropa, relájate’, murmura. Me desnudo despacio, tetas pesadas, pezones duros, coño hinchado por las hormonas. Me pongo en el sofá, piernas abiertas como en yoga. Él dibuja, pero su polla se marca en el pantalón. ‘Joder, estás perfecta’, dice ronco. Me acerco, le bajo el zipper. ‘¿Quieres que te la chupe?’. Su verga salta, gorda, venosa. La lamo del freño al capullo, saliva chorreando. Él gime bajito, ‘Cuidado, los vecinos…’. Me la meto hasta la garganta, succiono fuerte, bolas en la mano.

El clímax sin frenos

No aguanta. Me tumba, lame mi línea nigra hasta el chochito jugoso. ‘¡Qué rico el olor a hembra preñada!’, gruñe. Lengua en el clítoris, dedos en el culo. Gimo, ‘¡Fóllame ya!’. Me pone a cuatro patas, polla resbalando en mi coño empapado. Entra lento, nueve superficiales, una honda. ‘¡Sí, joder, así!’, jadeo. Paredes finas, oigo pasos en el pasillo. El miedo me excita más. Cambiamos: me abre el culo con saliva, dedo primero, luego dos. ‘¿Te gusta por atrás?’, pregunta. ‘Me flipa, métemela’. Empuja, ano apretado cede. ‘¡Qué culazo!’, embiste. Ruido de piel contra piel, succiones húmedas. ‘¡Voy a correrme!’, grito suave. Él acelera, ‘¡Toma, puta vecina!’. Chorros calientes en mis entrañas. Colapso temblando, orgasmo brutal.

Al día siguiente, en el pasillo. Él sale con bolsas de basura, yo con Vincent a la guardería. Nuestras miradas chocan, sonrisa cómplice. ‘Buenos días, musa’, susurra. Rozo su paquete con la mano disimulada. ‘Esta noche, más dibujos’, guiño. Puerta cierra, coño palpita. Nuestro secreto quema, paredes oyen todo.

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