Era sábado por la mañana, todo brumoso, el sol tapado por nubes finas. Estaba en mi balcón tomando café, con esa brisa fresca que eriza la piel. De reojo, miro al lado: Pablo, mi vecino del piso de al lado, bronceándose en slip ajustado. Su polla se marca, gorda, medio tiesa. Se toca despacio, sin verme. Me mojo al instante, el corazón late fuerte. ¿Me ha pillado? Sonrío, entro, pero la imagen no se va.

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Bajo a por pan. En el ascensor, puertas se abren, él entra. Huele a colonia fresca, sudor ligero. ‘Buenos días, preciosa’, dice con voz ronca. Nuestros cuerpos rozan, el espacio chico. Siento su paquete contra mi culo cuando el ascensor frena brusco. ‘Perdón…’, murmura, pero su mano se queda en mi cadera. Lo miro, ojos clavados. ‘No pasa nada, Pablo… me gusta’. La tensión sube, aire cargado. Sus dedos aprietan, yo me arqueo un poco. Puertas abren, salimos, pero me agarra la muñeca. ‘Sube conmigo un rato? Mi mujer no está’. Dudo, mordiéndome el labio. ‘Vale… pero rápido, no quiero que nos pillen’.

La Mirada Indiscreta y la Tensión en el Ascensor

En su piso, puerta cierra con clic. Me empuja contra la pared, boca en mi cuello. ‘Te vi mirando desde tu balcón, puta curiosa’. Le arranco la camiseta, manos en su polla dura como piedra. La saco, venosa, cabezota roja. Me arrodillo, la chupo ansiosa, saliva goteando. ‘Joder, qué boca…’. Gime bajo, pero alto para el pasillo. Lo monto en el sofá, falda subida, sin bragas. Mi coño chorreando se traga su verga entera. ‘¡Fóllame fuerte, Pablo!’. Cabalga salvaje, tetas rebotando, uñas en su pecho. Cambio, me pone a cuatro, me abre el culo. Dedos en mi ano, luego su lengua lame. ‘Quieres polla ahí, ¿eh?’. ‘Sí, métemela… pero calla, los vecinos oyen’. Empuja, despacio, duele rico. Grito ahogado, polla en coño, otra en culo no, espera, solo él por ahora. No, él solo, intenso. Me folla el culo, palmadas resonando. ‘¡Córrete dentro, cabrón!’. Eyacula caliente, yo exploto temblando.

El Placer Brutal y el Secreto del Corredor

Pero no para. Me lleva al balcón, noche cayendo, luces de pisos cercanos. Me apoya en baranda, me penetra de nuevo, coño abierto al aire. ‘Mira, podrían vernos…’. Gemidos escapan, eco en el edificio. Siento ojos, placer del riesgo. Me corre otra vez, semen bajando piernas. Vuelvo a casa sudada, piernas flojas.

Al día siguiente, pasillo estrecho. Cruza él, sonrisa pícara. ‘Anoche… inolvidable’, susurra, mano roza mi mano. Asiento, coño palpita recordando. ‘Shh, secreto nuestro’. Mi pareja pregunta por qué jadeaba anoche. Sonrío: ‘Vecinos ruidosos…’. Pero el secreto quema, frisson eterno.

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