Vivo en un edificio viejo de Barcelona, paredes finas, balcones pegados. Mis vecinos del quinto son Pablo, un tío feo y borracho que parece un enano barbudo, y su hermana Lucía. Ella volvió hace poco de Estados Unidos, estudios o algo. La vi por primera vez por casualidad, desde mi ventana. Los stores mal cerrados, luz filtrando. Estaba en bragas, pechos firmes, culito redondo. Ojos rasgados, como una zorrita asustada pero cachonda. Me quedé mirando, polla dura ya.

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Al día siguiente, ruido en el pasillo. Pasos pesados, Pablo riendo solo, borracho perdido. Lucía cerrando la puerta, en pijama corto, pezones marcando. Nuestras miradas chocan. ‘Hola’, murmura ella, voz suave, huyendo con la vista. Sonrío, ‘Qué tal, zorrita’. Se sonroja, pero no se va. El ascensor llega, entramos solos. Aire cargado, su perfume dulce. Cuerpo cerca, roce accidental de cadera. ‘¿Vives sola?’, pregunto. ‘No, con mi hermano… pero está fuera’. Silencio. Mano en su cintura, ella tiembla. Puerta se abre en mi piso. La empujo dentro, beso salvaje. Lenguas enredadas, sabor a menta y deseo.

La mirada furtiva y la tensión en el edificio

La arrastro al salón, luces bajas. Manos por todas partes. Le quito la camiseta, tetas perfectas, pezones duros como piedras. Chupa mi cuello, gime bajito. ‘Cuidado, nos oyen’, susurro. Pero follando ya. La pongo contra la pared, falda arriba, bragas a un lado. Coño húmedo, caliente, depilado. Meto dos dedos, resbala jugo por muslos. ‘¡Joder, qué puta mojada!’, gruño. Ella jadea, ‘Fóllame, por favor…’. Polla tiesa, gorda, la clavo de un empujón. Entrada brutal, coño apretado me aprieta. Golpes secos, plaf plaf, sudor chorreando.

El polvo brutal con riesgo de ser pillados

La giro, perrito contra el sofá. Azotes en culo, rojo marca. ‘Más fuerte, cabrón’, pide mordiendo labio. Le agarro pelo, tiro cabeza atrás. Polla honda, tocando fondo, clítoris frotando. Gime alto, ‘¡Me corro!’. Yo la lleno, leche caliente chorros dentro. Temblores, besos sucios. Oímos pasos en pasillo, corazón latiendo. ‘Pablo…’, murmura ella. Salimos jadeantes, semen goteando piernas.

A la mañana, café en mano, cruce en pasillo. Lucía con bata entreabierta, sonrisa pícara. Ojos brillan, secreto quemando. ‘Buenos días, vecino’, dice bajito, mano roza paquete. Pablo ronca detrás puerta. Le guiño, ‘Otra vez en ascensor, zorrita’. Se muerde labio, asiente. Puertas cierran, aire vibra promesa. Adoro este edificio, paredes que oyen todo.

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