Vivo en un viejo edificio en Madrid, paredes finas, ruidos que se cuelan por todas partes. Mi vecino del quinto, Carlos, se mudó hace meses. Alto, musculoso, siempre con esa sonrisa pícara. Lo pillé una noche por la ventana entreabierta, luz tenue filtrándose por las persianas. Estaba en calzoncillos, mano en la polla dura, masturbándose despacio. Suspiraba fuerte, eh… gemía bajito. Me quedé paralizada, mi coño se mojó al instante. Cerré las cortinas rápido, pero esa imagen me quemaba.
Al día siguiente, ascensor. Entramos solos. Olor a su colonia, calor pegajoso. Nuestros brazos se rozan. ‘Qué tal, vecina’, dice él, voz grave. ‘Bien… y tú’, balbuceo, sintiendo su mirada en mis tetas. El ascensor para entre pisos, luz parpadea. Silencio pesado. Su mano roza mi culo ‘por accidente’. Me giro, ojos en llamas. ‘¿Quieres subir a tomar algo?’, susurra, aliento caliente en mi cuello. El corazón me late fuerte, peligro de que alguien llame. Asiento, piernas temblando.
La tensión que crecía en el edificio
Subimos a su piso. Puerta cierra con clic seco. Nos miramos, tensión explota. Me empuja contra la pared, boca en mi cuello, manos subiendo mi falda. ‘Te vi anoche, ¿eh? Mirándome’, gruñe. Río nerviosa, ‘Y tú a mí no me viste tocándome pensando en ti’. Le bajo los pantalones, polla saltando dura, venosa. La agarro, palpito en mi mano. Él me arranca las bragas, dedos en mi coño chorreante. ‘Joder, estás empapada, puta vecina’.
Me tira en la cama, crujido del colchón viejo. Abre mis piernas, lengua en mi clítoris, chupando fuerte. Gimo alto, ‘¡Cállate, coño, nos oirán!’, dice riendo, pero mete dos dedos, follando mi coño con ellos. Arcas la espalda, tetas al aire, pezones duros. ‘Fóllame ya, Carlos, métemela’. Se pone encima, polla cabezona empujando mi entrada. Entra de un golpe, gruesa, llenándome. ‘¡Ahhh, joder!’, grito. Empieza a bombear, salvaje, cama golpeando la pared. Ritmo brutal, sudor goteando, sus huevos chocando mi culo. ‘Tu coño aprieta como una virgen, vecina’. Cambio posición, yo encima, cabalgando, tetas rebotando. Él agarra mi culo, metiendo un dedo en mi ano. ‘¡Sí, más!’, jadeo. Orgasmo me arrasa, coño contrayéndose, chorros mojando las sábanas.
Follada brutal y el secreto compartido
Él no para, me pone a cuatro, polla hundiéndose profunda. ‘Voy a correrme dentro, ¿eh?’, gruñe. ‘Sí, lléname, cabrón’. Acelera, gemidos roncos, polla hinchándose. Eyacula fuerte, leche caliente inundándome. Colapso sobre él, respiraciones agitadas, oídos atentos a pasos en el pasillo.
Al día siguiente, cruce en el pasillo. Él con bolsas de la compra, yo saliendo a trabajar. Nuestras miradas se cruzan, sonrisa cómplice. ‘Buen día, vecina’, dice guiñando. ‘Sí… muy bueno’, respondo, coño palpitando aún. Paredes finas, secreto ardiendo. ¿Repetimos esta noche? El ascensor espera.