Ay, chicas, no sabéis lo que pasó el otro día con mis vecinos del quinto. Yo soy Carmen, 32 años, soltera y muy abierta, vivo en este edificio viejo de Madrid donde se oye todo. Adoro ese riesgo de ser pillada, el morbo de lo cerca, lo prohibido.

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Era de noche, aire fresco en el balcón, fumaba un cigarro. Oí pasos en el pasillo, luego risas ahogadas de al lado. La luz filtraba por las persianas mal cerradas de su salón. Me acerqué, corazón latiendo fuerte. Allí estaban Ana, la chica nueva de 18, rubia, cuerpo perfecto, y Luis, su novio, alto, musculoso, 19 años. Desnudos. Ella le untaba aceite por el pecho, bajando… hasta esa polla gruesa que se ponía tiesa. ‘Tus tetas son como… uf’, murmuraba él, masajeándole los pezoncitos rosados. Se besaban torpes, manos explorando. Vi cómo ella le hacía una paja lenta, él metía dedos en su coñito depilado, húmedo. Gemí bajito, mi tanga empapada. Me corrí viéndolos, sin tocarme.

La mirada indiscreta y la tensión en el ascensor

Al día siguiente, ascensor. Solo él y yo. Puertas cierran, silencio pesado. ‘Eh, Carmen… ¿oíste algo anoche?’, dice con sonrisa pícara, ojos clavados en mis tetas. ‘Sí, todo. Estabais… cachondos’, respondo, rozando su brazo. El ascensor para entre pisos, luz parpadea. Su mano en mi cintura, ‘Ana lo sabe, quiere que vengas. Enséñanos’. Tensión eléctrica, aliento caliente. ‘Joder, sí’, susurro. Pulsamos su piso.

Entramos, Ana roja, en bata. ‘Ven, ayúdanos’, dice tímida. Puertas cerradas, pero paredes finas, vecinos cerca. Nos desnudamos rápido. Luis polla enorme, venosa, Ana tetitas firmes, coño rosado como almeja. Me pongo entre ellos. ‘Besaos’, ordeno. Se comen la boca, yo les unto aceite, manos por todas partes. Masajeo sus pollas… uf, la de él palpita. ‘Chupa su clítoris, Luis’. Él obedece, lengua en ese botón hinchado, ella gime alto, ‘¡Ay, sí!’. Temo que nos oigan, pero excita más.

La siento a cuatro en sofá, coño abierto, chorreando. ‘Mételes dedo’, le digo a él. Mientras, le chupo las tetas, pellizco pezones. Su polla roza mi muslo, dura como piedra. La cojo, paja firme, glande morado goteando. ‘Fóllala ya’. Él empuja, ella grita, ‘¡Es grande, me parte!’. Entra lento, sangre leve, virginidad rota. Luego bombea fuerte, plaf plaf, coño tragando polla. Yo le meto dedos en el ano a él, masajeo huevos. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñe. Ella se corre, ‘¡Sí, Dios! Coño lleno’. Yo me pajeo el clítoris, huelo a sexo, sudor, aceite.

El polvo brutal sin barreras

La monto a ella, tribbing coños mojados, tetas frotando. Luis detrás, me mete polla en el culo, lubricado. ‘¡Fuerte!’, grito. Ritmo brutal, piel chocando, gemidos eco. Vecinos deben oír, pasos fuera… morbo loco. Él saca, eyacula chorros calientes en tetas de Ana. Yo exploto, squirt en su vientre. Agotados, temblando.

Ducha rápida, ropa. ‘Gracias, Carmen. Mañana más’, dice él guiñando.

Hoy, pasillo. Ana baja basura, yo salgo. Miradas, sonrisas sucias. ‘Shhh, secreto’, susurra rozándome. Luis asoma, mano en paquete. Corazón acelera, bragas húmedas otra vez. Este edificio es un puto paraíso.

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