Julio, calor pegajoso. Mi novia en un curso en Madrid, dos semanas sola en el piso. Pablo, el chaval del piso de arriba, 19 años, cuerpo atlético, lo pillé una vez por la ventana del balcón, polla en mano, gimiendo bajito. Desde entonces, miradas en el pasillo, sonrisas que queman. Eh… sabía que algo iba a pasar.
Bajaba al garaje, ascensor viejo, luz parpadeante. Entra él, sudado del gym, camiseta pegada al pecho. Puertas cierran, subimos. Silencio espeso. Su mano roza mi culo al girarme. ‘Perdona, Carmen’, murmura, voz ronca, pero no se aparta. Siento su paquete duro contra mi falda. Corazón late fuerte, aire cargado de olor a macho. ‘No pasa nada… Pablo’, digo, girándome despacio. Nuestros ojos se clavan. El ascensor para en mi planta con un ding. ‘Sube, te invito una birra fría’, le suelto, voz temblorosa. Él duda, asiente. Puertas abren, salimos. Mis tacones resuenan en el pasillo vacío, sus zapas detrás, pasos pesados. Abro la puerta, entro, él cierra. Boom. Nos comemos la boca, lenguas salvajes, manos por todos lados.
La tensión que explota en el ascensor
Lo empujo contra la pared del salón, falda arriba, sin bragas, coño ya mojado. Él baja los shorts, polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Joder, Carmen, desde que te vi en el balcón…’, gruñe. Le chupo el capullo hinchado, saliva chorreando, bolas en la boca. Gime fuerte, ‘shhh, los vecinos…’, digo riendo, excitada por el riesgo. El piso de al lado tiene orejas. Lo arrastro al sofá, me subo encima, guío su polla a mi chocho chorreante. ‘Fóllame duro’, le pido. Embiste, tetas rebotando, sudor goteando. Brincos salvajes, piel contra piel, plaf plaf. Oigo pasos en el pasillo fuera, ¿vecinos? Más caliente.
Trajo un bolso, lo abre jadeando. DVD ‘Señor del Culo’, anal duro. Gode enorme, negro, lubri. ‘No me juzgues’, dice tímido. Sonrío, ‘Ponlo, cabrón’. Lo metemos en el lector, doble anal en pantalla, nos pone a mil. 69 en el suelo, su lengua en mi clítoris, yo engullendo su verga hasta la garganta. Eyacula en mi boca, leche caliente, trago todo. Él lame mi flujo, dedos en el culo. Me corro gritando bajito, mordiéndome el labio.
El sexo brutal con miedo a los vecinos
Recuperamos fuelle, otro porno. Lubri en sus dedos, prepara mi ano. ‘Quiero doble’, dice. Piernas en sus hombros, mete polla en coño, gode en culo. Ritmo perfecto, estirada al límite. Grito ahogado, ‘¡Más, joder!’. Cambiamos, levrette: polla en chocho, gode culo. Luego, lo saca, prueba doble anal. Duele al principio, ‘¡Ah, despacio!’, lloro-placer. Se acostumbra mi ojete, bombea rápido. Me froto el clítoris, orgasmo brutal, él llena mi culo de porra caliente. Colapso, besos suaves, polla saliendo con pop.
Ducha rápida, caricias, pizza en el salón. Charlamos fantasmas: tríos, voyeur por balcones. Él se va tarde, ‘Hasta mañana, vecina’. Duermo como piedra.
Al día siguiente, pasillo fresco de mañana. Cruzamos, él con bolsa gym, yo al trabajo. Mirada fija, sonrisa pícara. ‘Buenos días… ¿dormiste bien?’, susurra. ‘Con el culo ardiendo, sí’, guiño. Pasos lejanos, secreto quema. El edificio ya no es el mismo. Frisson eterno.