Ayer por la noche, el pasillo estaba en silencio, solo se oían voces altas del piso de al lado. Bronca fuerte, eh… platos chocando, mi vecino Pedro gritando con su chica. Me asomé por la rendija de las persianas, luz tenue filtrándose. Los vi reconciliarse a besos en el balcón, aire fresco de la noche rozándoles la piel. Ella gimiendo bajito mientras él la embestía contra la barandilla. Me mojé tanto, coño palpitando, tocándome sin darme cuenta.
Hoy, bajando al garaje, el ascensor pitó. Entró él, Pedro, solo, con esa cara de tímido que tiene siempre. ‘Hola’, murmuró, ojos bajando al suelo. Brillo de sudor en su cuello, olor a jabón fresco. ‘¿Qué tal la noche?’, le solté con sonrisa pícara, recordando lo visto. Se sonrojó, ‘Bien… ¿y tú?’. La tensión subía, aire cargado, el ascensor parpadeando luces. Paramos en mi planta, ‘Sube un rato, mi novio está preparando café’. Dudó, pero entró, pasos nerviosos en el pasillo.
La mirada caliente en el ascensor
En el salón, mi novio Javier lo miró divertido. ‘Siéntate, Pedro’. Le conté lo del balcón, él tartamudeó ‘No… no me jodas’. Alineé, espera, yo soy Laura, muy abierta, adoro el riesgo. ‘Te vi follando como un animal, ¿quieres verme a mí?’. Javier rio, ‘Yo también juego’. Pedro tragó saliva, sacó condones del bolsillo. ‘Joder, sí… Maestra’. Le di una colleja suave, ‘Llámame así si quieres mi coño’.
Nos acercamos, Javier y yo quitándole la camisa. Sus manos temblando en mis tetas sobre el camisón. Suspiros míos, pezones duros. ‘Chúpamelas’, ordené. Javier por detrás, desatando el nudo, camisón cayendo. Boca en mi nuca, besos húmedos bajando a mi culo. Pedro de rodillas, mamándome las tetas, lengua juguetona. Me abrí de piernas, ‘Lame mi coño’. Él obedeció, chupando clítoris, yo gimiendo bajo, miedo a que los vecinos oigan. Javier untó vaselina en mi ano, dedo entrando lento. ‘Vas a follarme el culo mientras él mi coño’.
El polvo intenso sin frenos
Pedro se tumbó en el sofá, polla tiesa, condón puesto. Me subí encima, coño tragándosela entera, resbaladizo, caliente. ‘¡Joder qué prieta!’, jadeó. Javier detrás, polla en mi culo, empujando suave. Entró fácil, lubricado, lleno total. Movimientos sincronizados, pollas rozándose dentro de mí a través de la fina pared. Gemí fuerte, ‘¡Folladme más, cabrones!’, tetas botando, sudor goteando. Oí pasos en el pasillo, corazón acelerado, placer del peligro. Pedro me pellizcaba el clítoris, Javier azotándome el culo rojo. ‘¡Me corro!’, grité ahogado. Él primero, eyaculando en el condón, vibrando en mi coño. Javier gruñó, llenándome el culo de leche caliente. Yo exploté, temblores, mordiéndome labio para no chillar.
Desenredados, besos pegajosos. Pedro se vistió rápido, ‘Gracias… Maestra, Maestro. Volvemos?’. Guiñó ojo, salió sigiloso. Javier me abrazó, ‘Eres una puta increíble’. Dormimos abrazados, culo palpitando.
Al día siguiente, cruzando el pasillo, Pedro bajando la basura. Miradas cruzadas, sonrisa secreta. ‘Buenos días’, susurró, rozando mi mano. Oí su polla endureciéndose en los pantalones. ‘Esta noche, balcón’, le dije bajito. Él asintió, fuego en ojos. El secreto quema, vecinos forever.