Estaba en mi balcón, fumando un cigarro a media noche, cuando la vi. Marta, la nueva vecina del quinto, arrastraba dos maletas por el pasillo iluminado tenuemente. Embarazada como yo, con esa barriga redonda que nos hacía parecidas. El aire fresco de la noche me erizaba la piel, y el ruido de sus pasos… tac, tac… resonaba. Parecía triste, perdida. Me quedé mirando, excitada por ese frisson de espiar sin que supiera.

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Al día siguiente, en el ascensor. Puertas cerrándose con ese zumbido metálico. Nuestras barrigas casi se rozan. ‘Hola… ¿nueva?’, digo, voz baja. Ella asiente, ojos bajos. ‘Sí, problemas familiares… estoy sola con esto’, toca su vientre. Yo sonrío, ‘Yo igual. Algo raro nos pasó esa noche de tormenta, ¿no?’. Sus ojos se abren, ‘¿Tú también?’. La tensión sube, el ascensor para en mi piso. ‘Sube un rato, tomamos algo’. Dudó un segundo, entra.

La Mirada desde el Balcón y la Tensión en el Ascensor

En mi salón, luz filtrando por las persianas. Nos sentamos cerca, faldas subidas por las barrigas. ‘Cuéntame’, digo. Habla de sueños extraños, una voz, placer sin tocar. Yo igual. Manos rozan accidentalmente. ‘¿Sientes esto?’, mi dedo en su barriga. Ella tiembla, ‘Sí… mueve’. Se acerca, aliento caliente. La barrera cae. Labios se pegan, torpes al principio. ‘Eh… ¿estás segura?’, murmura. ‘Calla, joder’. Nos besamos con hambre, lenguas enredadas.

Caímos al sofá, chemisiers abiertos. Sus tetas hinchadas, pezones duros. Las chupo, leche dulce gotea. ‘Ay, dios…’. Manos bajan, pantalones quitados. Mi coño empapado, el suyo peludo y jugoso. ‘Mírate, estás chorreando’, le digo. Dedos dentro, dos, tres. Slup, slup, el sonido obsceno llena la habitación. ‘¡Fóllame con la mano!’, gime. La penetro fuerte, pulgar en su clítoris hinchado. Ella grita bajito, ‘¡Casi…!’. Miedo a que los vecinos oigan, paredes finas. Puerta entreabierta al pasillo, riesgo total.

El Polvo Brutal y el Miedo a Ser Oída

Me tumba, boca en mi coño. Lengua lamiendo lento, chupando labios mayores. ‘Sabe a miel, puta’, dice entre lamidas. Piernas temblando, barriga contra su cabeza. ‘¡Más adentro, joder!’. Le cojo el pelo, la empujo. Orgasmo viene, ‘¡Me corro, me corro en tu boca!’. Chorros calientes en su cara. Ella se gira, 69. Coños frente a frente, lamemos como perras. Dedos y lengua, gemidos ahogados. ‘Cuidado, los del piso de abajo…’, susurro. Pero no paramos. Su culo gime, ano apretado. Lo lamo un poco, ella se vuelve loca. ‘¡Voy a explotar!’. Viene gritando, jugos en mi barbilla.

Agotadas, sudorosas. Ventanas abiertas, brisa fría en pieles desnudas. Nos abrazamos, barrigas pegadas, bebés moviéndose. ‘Nadie debe saber’, dice riendo bajito. Dormimos así, exhaustas.

Al día siguiente, pasillo. Ruido de pasos. Nos cruzamos, miradas cómplices. ‘Buenos días… vecina’, guiño. Ella sonroja, mano en barriga. ‘Sí, muy buenos’. Puerta cierra, secreto quema. Sonrío, recordando su sabor. El ascensor espera más aventuras.

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