Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó anoche. Vivo en este edificio viejo del centro, paredes finas como papel, y mis vecinos del 3ºB son Romain y Fabien, dos tíos de prepa que quitan el hipo. Romain, moreno, musculoso, ojos color avellana; Fabien, rubio despelucado, cuerpo de gym que babean todas. Siempre los veo por el pasillo, saludos rápidos, pero con esa tensión… eh, ya sabéis.

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Estaba en mi balcón, aire fresco de la noche, fumando un cigarro, cuando oí pasos en el pasillo. Miré por las rendijas de las persianas. Romain abrió su puerta, padres fuera el finde, y Fabien apareció sonriendo pillo. Se miraron… uf, ese silencio pesado. Fabien lo empujó contra la puerta, beso directo en la boca. No fue un besito de amigos, no. Lenguas dentro, manos en el culo. Yo, congelada, con el corazón latiendo fuerte. La luz del portal filtraba amarilla, sombras en sus cuerpos pegados. Cerraron la puerta de un portazo, clic de la llave. Y el silencio… roto por risitas y un ‘te quiero, joder’.

La mirada en el ascensor y la puerta que se cierra

Subí a mi piso, oreja pegada al tabique. Oí ropas cayendo por las escaleras, risas ahogadas. ‘Ven aquí, cabrón’, gemía Fabien. Me asomé a la ventana, la suya justo enfrente, cortinas entreabiertas. Los vi entrar en la habitación: boxers deformados por pollas duras como piedras. Romain contra la ventana, culo pegado al cristal frío. Fabien de rodillas, le bajó el bóxer azul marino. Esa polla gruesa, venosa, saltó libre. ‘Mírate, qué pedazo de verga’, dijo Fabien antes de metérsela en la boca. Romain gimió alto, ‘¡joder, Fab, no pares!’. Chupaba frenético, lengua en el glande morado, saliva goteando. Yo, empapada, mano en mi tanga, el riesgo de que alguien abajo mirara… puro morbo.

Fabien se levantó, beso salvaje, pollas frotándose. Romain lo giró, contra la puerta ahora. Le comió el culo, lengua dentro, Fabien gimiendo ‘¡me vas a partir, amor!’. Capote puesto, y zas: Romain entró de un golpe en ese culo prieto. ‘¡Aaaah, hostia!’, gritó Fabien, cabeza contra la madera. Embestidas brutales, culazo rebotando, bofetadas en las nalgas. ‘Fóllame más fuerte, Romain, destrózame el ojete’. Sudor, olores mezclados subiendo por el tabique: macho puro, perfume picante. Pasaron al escritorio, papeles volando. Fabien encima, piernas en hombros, polla entrando y saliendo a ritmo de máquina. ‘¡Me corro, joder!’, Fabien se sacó el capote, pajas rápidas, leche espesa en la cara de Romain. Él lamió, ‘dame más, cabrón’.

El polvo brutal con riesgo de ser vistos

Turno de Romain: Fabien contra la ventana otra vez, polla aplastada en el cristal empañado. ‘Que nos vean desde la calle’, rió Fabien. Romain lo penetró salvaje, ‘¡toma polla, guarro!’. Gemidos atronadores, ‘¡sí, rómpeme, aaaah!’. Fabien se empaló en la silla después, saltando como loco, ‘te amo, joder’. Corridas everywhere: Fabien en el torso, Romain en la boca de Fabien, tragando todo. Hora y media de polvo bestial, yo masturbándome calladita, mordiéndome el labio para no gemir.

A las dos, aún oí más: Fabien despertó a Romain con una mamada, espejo empañado de corrida. Agotados, se durmieron. Hoy en el pasillo, cruzamos. Fabien guiño, ‘buenos días, vecina’, Romain sonriendo cómplice, mejilla aún roja. Saben que oí, que vi. Ese secreto quema, el ascensor mañana… uf, quién sabe. El edificio nunca fue tan caliente.

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