Vivo en un edificio antiguo del centro, paredes finas y ascensor que cruje como un viejo. Mis vecinos del segundo, Alexandre y Audrey, siempre me han llamado la atención. Él, el abogado de 42 años, alto, traje impecable, con esa aura de macho dominante. Ella, la asistente rubia de 28, delgada, con curvas que esconde bajo faldas cortas. Los he visto en el pasillo, miradas cruzadas. Una noche, después de una copa en el bar de abajo, entro al ascensor y ahí están. El aire se carga al instante. ‘Buenas noches’, dice él con sonrisa lobuna. Audrey se sonroja, cruza las piernas. El ascensor sube lento, tintineo de cadenas. Siento su perfume, mix de colonia cara y su jabón dulce. ‘¿Subís al after del edificio?’, pregunto casual. ‘Venid a mi piso, tengo un vino brutal’, suelta Alexandre, ojos clavados en mí. Audrey asiente, mordiéndose el labio. El ascensor para en su planta. Puerta abierta, pasillos oscuros, eco de pasos. Entro con ellos, corazón latiendo fuerte. La barrera cae ahí, en ese hueco prohibido.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Cerramos la puerta de su loft. Luces tenues filtran por persianas, piano negro en esquina. Vino tinto, Gevrey, fuerte como tierra mojada. Bailamos lento, tango improvisado. Audrey me mira, ‘¿Maestra?’, susurra juguetona. La agarro por la nuca, beso húmedo. Se arrodilla, manos atrás. Alexandre se acomoda, polla ya dura bajo pantalón. ‘Abre la boca, puta’, le ordeno. Meto dedos, saliva chorrea por su barbilla, gotea al cuello. Grito: ‘¡Quieta!’. La abofeteo, mejilla roja. Él lame su piel, baja tirante, mama tetas duras. Pezones tiesos, los retuerzo hasta que gime. ‘¡Cállate o nos oyen los del piso!’, siseo excitada. La echo al suelo, alfombra gruesa. Me bajo el tanga rojo, coño chorreando. ‘¡Saca la lengua!’. Me siento en su cara, froto clítoris en su boca. Chupa voraz, lengua dentro, bebo sus jugos. Alexandre se desnuda, polla gorda, venosa, 20 cm. La pone en mi mano, ‘Chúpamela’. Le mama bolas mientras yo follo la boca de ella. Cambio: strap-on del bolso, negro curvo. Se lo clavo a Audrey, ‘¡Toma, zorra!’. Grita amortiguado, coño empapado, chapotea. Él me penetra por detrás, polla dura, embiste salvaje. ‘¡Fóllame más fuerte!’, jadeo. Paredes tiemblan, miedo a crujidos de arriba. Cambio posiciones: Audrey cabalga mi strap, tetas botando. Alexandre la folla el culo, doble penetración. ‘¡Me corro!’, gruñe él, leche caliente en su interior. Yo exploto en su clítoris, chorros en su cara. Sudor, olores a sexo crudo, coños y pollas palpitando.

La tensión que explotó en el ascensor compartido

Sudados, tumbados. Vino tibio, risas bajas. ‘Ha sido… jodidamente increíble’, murmura Audrey, mejilla aún roja. Alexandre asiente, ‘Secreto nuestro’. Me visto, beso húmedo final. Salgo sigilosa, pasillo frío, eco zapatos. Al día siguiente, ascensor otra vez. Nos cruzamos. ‘Buenos días’, dice él, guiño. Audrey sonroja, ‘Dormiste bien?’. Sonrío cómplice, secreto quema. Paredes saben, vecinos quizás oyeron gemidos. Frisson total, quiero más.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *