Estaba en mi balcón, el cigarrillo entre los labios, cuando la lluvia empezó a azotar todo. Del piso de al lado, el 4ºA, oí el motor del 4×4 de Pablo arrancando. Él salía con los críos al cine, escapando de la tormenta. Carlota, su mujer, se quedaba sola. La conocía de vista, morena curvilínea, siempre con esa sonrisa tímida en el ascensor. Pensé en pasar a ver si estaba bien.

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Llamé a la puerta. El agua goteaba del techo del pasillo, un ruido rítmico. Ella abrió, bata ligera, pelo revuelto. ‘Pasa, Lola, qué alivio verte’. Olía a rosado y a humedad. Nos sentamos en el salón, luces tenues filtrando por las persianas. Hablamos de la lluvia, del calor pegajoso. Silencio. Ella cerró los ojos. ‘¿Por qué te tocaste en el balcón el otro día? Yo te vi’. Mi corazón dio un vuelco. ‘Quería… excitarme. ¿Te molestó?’

La tensión que explotó en el salón

Ella sonrió, piernas cruzadas. ‘No… me intrigó. ¿Te gustan las mujeres?’. Dudé, tragué saliva. ‘A veces fantaseo. ¿Y tú?’. Bajó la voz: ‘Pablo me contó una vez… imagina otra mujer detrás, apretándome contra él’. Sus pezones se marcaron bajo la bata. El aire se cargó. Me acerqué. ‘¿Quieres que sea esa mujer?’. Sus ojos se abrieron, pero no se apartó.

‘Prueba…’. Le desabroché la bata despacio. Sus tetas perfectas, duras. ‘Quítatela toda’. Tembló, pero obedeció, quedando en bragas. El suelo crujió bajo mis pies. La empujé contra la encimera de la cocina. ‘Baja la mirada, obedece’. Agarré una botella fría del frigo, la pasé por su pezón. Gritó bajito: ‘¡Frío!’. ‘Quítate las bragas, muéstrame el coño’. Lo hizo, despacio, juguetona, girándolas en el dedo antes de tirarlas.

La besé seco, forzada. Sus labios inertes al principio. Bajé las manos, rozando sus tetas suaves. No me encendía del todo, pero el poder… La até los brazos contra la pared. ‘Frota tu coño en mi muslo’. Avancé la pierna, vaquero áspero contra su piel. Ella se movió, clítoris hinchado rozando la tela. ‘Más rápido, puta’. Gemía: ‘Me canso…’. Paramos, risas nerviosas. ‘Bueno…’

Gemidos y el marido al otro lado de la puerta

La noche cayó. Pablo volvió antes. Estábamos en el salón, vino en mano. Él nos miró. ‘¿Qué pasa aquí?’. Carlota se levantó, me tomó la cara y me besó profundo, lengua dentro. Pablo jadeó, polla dura en el pantalón. ‘Mira cómo se empalma por nosotras’. Ella: ‘Quiere vernos follar’. Lo guiamos al sofá. Nos besamos delante de él, tetas contra tetas. Su mano en mi mano, la puso en la polla de Pablo. Él explotó, lechazo caliente chorreando.

Nos fuimos a mi piso, puerta cerrada. Ella me comió el coño con hambre inexperta, lengua hurgando profundo, chupando jugos. ‘¡Más adentro, joder!’. Yo la corrí con dedos, dos en su coño empapado, pulgar en clítoris. Gritaba: ‘¡Me corro, Lola!’. Miedo a que Pablo oyera a través la pared fina. Olas de placer, sudor, olor a sexo. ‘Mañana, con Pablo dentro de ti y yo encima’.

Al día siguiente, pasillo. Pablo pasó primero, guiño. Luego Carlota, bata suelta, pezón asomando. Nuestras miradas chocaron, sonrisa cómplice. ‘Buen día… vecina’. El secreto quemaba, prometiendo más.

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