Ayer por la mañana, el sol pegaba fuerte ya a las ocho. Salí al balcón con un café, y desde ahí vi la piscina común del edificio, esa del patio interior que da a todos los pisos. Mis vecinos del quinto, Javier y su colega Raúl que estaba de visita, andaban currando cerca, guardando trastos en el garaje. Pasé por la piscina para broncearme un rato. Me quité el top del bikini sin pensarlo dos veces, me tendí en la toalla, ojos cerrados, sintiendo el calor en los pechos. Oí pasos, risitas ahogadas. Abrí un ojo: ellos dos pasando cerca, miraditas, sonrisas de complicidad. Javier alto, moreno, Raúl más fornido. Seguí como si nada, pero el pulso se me aceleró. El sol lamía mi piel, el cloro olía fuerte.
Terminaron rápido y se metieron a duchar. Yo preparé unas cervecitas frías. Bajé de nuevo a la piscina por la tarde, el aire pesado anunciaba tormenta. Me quité el bikini entero, agua fresca en los pies. De repente, oí voces: Javier y Raúl bajando. ‘¡Ey, Lucía, qué fresca!’, dice Javier con guiño. Nos metimos los tres, jugamos con una pelota de playa. Salpicaduras, risas. Fallo mío, agua por todos lados. ‘¡Gage!’, grita Raúl. ‘Quítate el bañador, malota’. Me reí, lo hice. Pollas semi en sus shorts. Siguieron los fallos: Javier desnudo primero, Raúl después. Cuerpos mojados brillando, erecciones creciendo. ‘Un beso por perdón’, pide Javier al fallar yo. Se acerca, labios en los míos, lengua tímida al principio. ‘Mejor’, digo yo, jadeando.
La Mirada Voyeur y la Tensión que Quema
La barrière cayó ahí, en el agua tibia. Mi turno: beso a Raúl, profundo, manos en su polla dura. ‘Joder, qué guarra’, murmura él. Tensión eléctrica, miradas al edificio vacío, pero sabíamos que cualquier vecino podía asomarse. Javier me agarra las tetas, chupa un pezón. Gimo bajito, pero el placer sube. ‘Shh, que nos pillan’, dice Raúl, pero su mano ya en mi coño depilado, dedos resbalando.
Me senté en el borde, piernas abiertas. Javier se arrodilló, lengua en mi clítoris hinchado. ‘¡Dios, qué rico!’, susurro, arqueándome. Lamía despacio, chupando mis labios, dedo en el ano apretado. No me deja follar por detrás, pero eso me pone a mil. Gritos míos eco en el patio, ‘¡Más fuerte, joder!’. No me corto, el riesgo me excita. Raúl me mete la polla en la boca, gorda, venosa. La mama profunda, saliva chorreando. Cambio: yo de rodillas, chupando a Javier mientras Raúl me come el coño desde atrás. Agua chapoteando, tetas balanceándose. ‘Córrete en mi boca’, pido. Él acelera, polla palpitando, leche caliente bajando garganta. Trago, sonriendo.
El Folleteo Brutal y el Secreto Ardiente
‘Mi turno’, dice Raúl. Me pone a cuatro, polla gruesa entrando de golpe. ‘¡Qué coño tan apretado!’, gruñe. Javier delante, yo mamando su verga tiesa. Ritmo brutal, nalgas chocando, ‘¡Fóllame más!’. Oigo puertas lejanas, ¿vecinos? Peor, mejor. Javier me agarra pelo, folla mi boca. Cambio posiciones: Raúl me penetra, Javier en mi culo con dedo. Gimo alto, orgasmo me sacude, coño contrayéndose. ‘Me corro dentro’, avisa Raúl, chorros calientes llenándome. Javier toma relevo, mezcla su corrida con la de Raúl, resbaladizo, bestial. Me corro otra vez, temblores, gritos agudos que deben oírse en los pisos.
Agotados, cervezas al borde. Risas nerviosas, ‘Mañana como si nada’. Noche, tormenta, nos separamos. Hoy, cruce en el pasillo. Javier bajando cubos, yo con bolsas. Mirada suya, sonrisa pícara, roce mano en mi culo disimulado. ‘Buen día, vecina’, guiño. El secreto quema, coño húmedo ya. ¿Repetimos pronto?
Raúl se fue anoche, pero Javier vive al lado. Ese ascensor… quién sabe.