Vivo en un viejo edificio en Madrid, paredes finas como papel. La otra noche, eran las 23:30, oí ruidos del 4ºB. Gemidos ahogados, un slap-slap rítmico contra la pared. Me acerqué a la mirilla, el corazón latiéndome fuerte. Vi siluetas: ella, mi vecina Laura, tetas grandes balanceándose, y él… ¿él? Llevaba medias y tacones, culo en pompa mientras ella lo montaba con un arnés. Joder, qué visión. Me mojé al instante, toqué mi coño pensando en eso.
Al día siguiente, ascensor. Entró Laura, sonrisa pícara. ‘¿Dormiste bien?’, dijo rozándome el brazo. El aire frío del hueco subiendo, su perfume dulce invadiendo. ‘Sí… oí algo anoche’, balbuceé, ruborizada. Sus ojos se clavaron en mí. ‘¿Algo? ¿Quieres saber más?’. El ascensor pitó en mi piso. ‘Ven esta noche, eh… trae vodka’. Puertas cerrándose, sus tacones resonando en el pasillo.
La curiosidad que enciende todo
No pude resistir. 22h, toco su puerta. Abre él, no: Erika, peluca rubia, labios rojos, falda corta. ‘Pasa, vecina curiosa’. Laura en el sofá, copa en mano. ‘Sabíamos que mirabas’. Brindamos, vodka quemando garganta. La tensión crepitaba. Laura me besó primero, lengua juguetona, manos en mis tetas. Erika nos miró, polla endureciéndose bajo la falda. ‘¿Te gusta?’, susurró Laura.
Caímos en el sofá. Le quité la falda a Erika: polla gorda, venosa, tiesa. La chupé, salada, palpitante. ‘Joder, qué buena boca’, gimió él/ella. Laura me comía el coño, lengua hurgando clítoris, dedos dentro. ‘Cállate o nos oyen’, jadeé, pero gemí más fuerte. El riesgo me ponía a mil: vecinos arriba, abajo, paredes traidoras. Erika me folló la boca, polla hasta la garganta, babas chorreando. ‘Trágatela toda, puta vecina’.
El clímax sin frenos y el secreto compartido
Me puse a cuatro, Laura con el arnés lubricado embistiéndome el coño. Plaf-plaf, jugos salpicando. Erika detrás de ella, follándole el culo mientras me la metía a mí. ‘¡Más fuerte!’, grité, ahogando en la almohada. Su polla rozaba la mía por dentro, separadas por esa carne. Cambiamos: yo encima de Erika, cabalgando esa verga dura, coño tragándosela entera. Laura me pellizcaba pezones, me lamía el ano. ‘Córrete, zorra, moja su polla’. Eyaculé gritando, chorros calientes, temiendo que el casero oyera.
Laura se corrió en mi boca, squirt dulce. Erika nos llenó: primero mi coño, semen caliente goteando muslos; luego el culo de Laura, mientras yo la besaba. Sudor, olores a sexo crudo, el balcon abierto dejando entrar aire fresco. ‘Shhh, los vecinos…’, reímos jadeantes.
Al día siguiente, pasillo. Laura pasando con bolsas, guiño. ‘Buenas noches vecina’. Erika, ya como Eric, cargando cajas, mirada cómplice, erección sutil en pantalón. Sonreí, coño aún dolorido. ‘Hasta la próxima’, murmuré. Secretos quemando, frisson eterno del edificio.