Ayer por la tarde, estaba en mi balcón fumando un cigarro, con el sol cayendo y ese aire fresco que sube del patio. Oí risas… de al lado, los vecinos. Él, Javier, un tipo casado de unos 45, elegante pero con esa mirada de lobo. Ella no estaba, creo. Miré por casualidad, las cortinas entreabiertas. Lo vi ahí, en el sofá, con la polla fuera, masturbándose despacio. Joder, qué grosor. Se tocaba el culo también, gemía bajito. Me quedé clavada, el corazón latiéndome fuerte. Nuestras miradas se cruzaron un segundo. Sonrió, pícaro. Me mojé al instante.

Bajé al garaje y ahí estaba él, en el ascensor. “¿Todo bien, Carmen?”, dijo con voz ronca. El espacio chico, su colonia mezclada con sudor. Nuestras manos rozaron. “Te vi”, solté, temblando. Él se acercó, “¿Y qué viste?”. Su aliento en mi cuello. El ascensor paró entre pisos. Me besó duro, la lengua invadiendo. Le bajé la cremallera, saqué esa polla dura. La chupé rápido, de rodillas, oyendo el zumbido del motor. “Joder, qué boca”, gruñó. Subió mi falda, metió dedos en mi coño empapado. “Estás chorreando por mí”. El ascensor vibró, miedo a que alguien pulsara. Pero no paré.

La observación que lo cambió todo

Llegamos a su piso, él vive solo ahora, la mujer se fue. Me arrastró adentro, puerta slam. Me tiró en el sofá, el mismo donde lo vi. “Quítate todo”, ordenó. Obedecí, tetas al aire, coño abierto. Me miró lamiéndose los labios. “Elige un dedo”. Chupé su índice, salivándolo. Lo bajó despacio por mi cuerpo, afeitándome las axilas, tetones duros. Llegó a mi pubis, jugó con los labios. Me besó meanwhile, lenguas enredadas. Metió el dedo, girándolo. Grité, “¡Más!”. Orgasmos vino rápido, piernas temblando.

El clímax en su piso y el secreto compartido

Me puso a cuatro patas en la cama, culo en pompa. Lamía mi coño y ano, nariz metida. “Qué ano tan rico”, murmuró. Yo me frotaba contra su cara, jugos por todas partes. Luego, su polla en mi boca, profunda garganta. Pero quería más. “Fóllame el coño ya”. Entró lento, parando el fondo. Vaivén fuerte, pelotas golpeando. “¡Cállate o nos oyen!”, susurró, tapándome la boca. Gemí contra su mano, excitada por el riesgo. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, tetas botando. Sudor, olor a sexo. “Ahora el culo”, pedí. Lubrico con saliva, entró poquito a poco. Dolor-placer, grité. Me sodomizó duro, dedos en coño. Eyaculamos juntos, él dentro, yo explotando.

Después, ducha juntos, caricias suaves. “Ha sido brutal”, dijo riendo. Me fui a mi piso, piernas flojas. Hoy en el pasillo, cruzamos miradas. Su guiño, mi sonrisa cómplice. Oí pasos atrás, corazón acelerado. El secreto quema, quiero más. Mañana, ¿ascensor otra vez?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *