Ayer por la noche, no podía dormir. El calor era asfixiante, abrí las persianas y… joder, ahí estaba ella. Émilie, la vecina del quinto, en su balcón. La luz de la luna filtraba entre las rendijas, iluminando su silueta desnuda. Se tocaba despacio, un pecho en la mano, la otra entre las piernas. Oía sus jadeos suaves, amortiguados por el muro fino. Mi coño se mojó al instante. Me acerqué más, el aire fresco del balcón me erizó la piel.

Hoy, en el ascensor. Vacío, solo nosotros. Ella entró oliendo a ese perfume dulce, como miel. Nuestros ojos se cruzaron, sonrisa pícara. ‘¿Bien dormida?’, murmuró, su voz ronca. Asentí, el corazón latiendo fuerte. El ascensor paró entre pisos, un tirón. ‘Mierda’, dijo, pegándose a mí. Sus tetas rozaron mi brazo, sentí su calor. ‘¿Sabes lo que vi anoche?’, solté, temblando. Ella rio bajito. ‘¿Y qué viste?’. ‘Tu coño brillando’. La barrera cayó. Sus labios en mi cuello, manos bajando mi pantalón.

La mirada indiscreta y la tensión que sube

No esperamos. Puertas cerradas, pero el botón pitaba. La empujé contra la pared, besos salvajes, lenguas enredadas. Le arranqué la blusa, chupé sus pezones duros. ‘Quieta, nos oirán’, susurró, pero gemía ya. Bajé su falda, dedos en su coño empapado. Mojado, caliente, olía a sexo puro. ‘Lámeme’, ordenó, voz ahogada. Me arrodillé, lengua en su clítoris, chupando fuerte. Sus muslos temblaban, manos en mi pelo. ‘Joder, sí… más profundo’. El ascensor vibraba, pasos en el pasillo arriba. El riesgo me ponía a mil.

El polvo brutal y el secreto compartido

Se corrió brutal. Squirt en mi cara, chorros calientes, olor intenso a coño excitado. Gemí contra su piel, lamiendo todo. ‘Tu turno’, jadeó, tirándome arriba. Dedos en mi chochito, frotando rápido. ‘Córrete para mí, puta vecina’. No pude más, exploté gritando bajito, piernas flojas. Oímos voces fuera, el ascensor bajó. Nos vestimos a prisa, sudorosas, sonrisas culpables.

Al día siguiente, pasillo. Nos cruzamos, ella con la bolsa de basura. Ojos cómplices, roce de manos. ‘Buen sabor de boca’, guiñó. Sonreí, el secreto quema. Esta noche, ¿repetimos? El edificio guarda nuestros gemidos.

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