Ayer por la tarde, oí pasos en el pasillo. Tacones suaves, rítmicos. Miré por la mirilla, el corazón latiéndome fuerte. Era él, Luis, el del 4ºA. Delgado, pelo revuelto, cara angulosa, nada guapo. Pero esa bata entreabierta… se veía el bulto de sus calzoncillos. Tragué saliva. Siempre lo había pillado mirándome el culo en el ascensor.
Bajé la basura para coincidir. El ascensor pitó, puertas chirriaron. Entró, oliendo a jabón fresco. ‘Hola, vecina’, murmuró, voz ronca. Nuestros brazos se rozaron. El aire se cargó. Subimos en silencio, pero sus ojos bajaban a mis tetas, apretadas en la blusa fina. Sentí mi coño humedecerse. En el 3º, paró. ‘¿Subes a tomar algo?’, dijo, dudando, mano en mi cintura. El pasillo vacío. Asentí, temblando. ‘Shh, no hagas ruido, los demás oyen todo’, susurré.
La tensión que empezó en el pasillo
Entramos en su piso. Puerta clic. Luz tenue filtrando stores. Me empujó contra la pared, boca en mi cuello. ‘Te he visto por la ventana, cambiándote’, gruñó. Mentira mía, pero qué más da. Le desabroché el pantalón. Su polla saltó, media dura, no enorme, perfecta. ‘Joder, qué rica’, gemí, arrodillándome. El suelo frío, rodillas raspando.
La tomé con dos manos, glande en mi lengua. Deslicé hasta el frenillo, labios apretando abajo. Chupé suave, lengua girando. Él jadeó, ‘¡Coño, para…!’. Dientes rozando, succionando con mejillas hundidas. Pop, la saqué, saliva colgando como hilo. Me miró, sonriendo pícaro. ‘Sigue, puta vecina’. Volví a meterla, vaivén lento, pausas para lamer bultos. Manos en su verga, la otra masajeando huevos, uña rascando escroto.
El clímax brutal y el secreto compartido
Se tensó. ‘Me corro…’. Lengua enrollada, garganta abierta. Bombeó, semen caliente llenándome la boca. Espasmos, tragué ruidoso, glup. Saqué, gota perlando méat. Lamí, ‘Esto es lo mejor’. Él me levantó, besó, probando su leche en mis labios. ‘Ahora tú’, dijo. Me tiró en cama, bragas de encaje arrancadas. Dedos en mi coño chorreante, lengua en clítoris. Grité bajito, ‘¡Sí, joder!’. Polla dura otra vez, entró despacio. ‘Justo lo que cabe’, jadeé. Follando fuerte, camas chirriando. ‘¡Calla, nos oyen!’, susurró, tapándome boca. Sudor goteando, tetas botando. Orgasmo lejano, explotó. Eyaculó dentro, caliente, lleno.
Agotados, cuerpos pegados. Silencio, solo respiraciones. ‘Ha sido… increíble’, murmuró. Durmió abrazado. Me escabullí al alba, piernas temblando.
Hoy, pasillo. Oí su puerta. Salió, mirada cómplice. ‘Buenos días, vecina’. Sonreí, coño palpitando aún. ‘Sí, muy buenos’. Pasos alejándose, secreto ardiendo. Mañana, ¿ascensor otra vez?