Vivo en un edificio antiguo del centro, de esos con paredes finas como papel. Se oye todo: gemidos, risas, hasta el crujir de la cama de al lado. Mi vecino del quinto, Javier, se mudó hace un mes. Lo pillé varias noches por el rabillo de la persiana, sudado después del gym, quitándose la camiseta en calzoncillos. Esa polla marcada en la tela… uf, me ponía a mil. Luz tenue filtrándose por las stores, sombras de su cuerpo musculoso moviéndose. Yo, con las bragas empapadas, me tocaba pensando en él.
Ayer, volvía tarde del curro, tacones resonando en el pasillo vacío. Bruit de pasos detrás, él. ‘¡Ey, vecina!’, sonrisa pícara. Entramos al ascensor juntos, puerta cierra con ese clic metálico. Espacio chico, nuestros cuerpos rozan. Su olor a hombre, colonia mezclada con sudor fresco. Subimos lentos, pisos parpadeando. ‘Te he visto por la ventana’, suelto sin pensar. Él ríe bajito, ‘¿Y qué viste?’. Miro su paquete abultado, trago saliva. Mano roza mi culo ‘por accidente’. Tensión eléctrica, pezones duros contra la blusa. En su piso, puerta abierta: ‘Pasa, un rato’. Corazón latiendo fuerte, entro. Puerta cierra, ya está.
La mirada indiscreta y la chispa en el ascensor
Sus labios en los míos, beso hambriento, lenguas enredadas. Manos por todas partes. Me arranca la falda, yo le bajo los pantalones. Polla dura como piedra, gorda, venosa, saltando libre. ‘Joder, qué pedazo de verga’, gimo. La chupo ansiosa, saliva chorreando, bolas en la mano masajeando. Él gruñe, ‘Así, cabrona, trágatela toda’. Me pone a cuatro en el sofá, vista al balcón abierto, aire fresco entrando. Me lame el coño desde atrás, lengua en el clítoris, dedos en el culo. ‘Estás chorreando, puta viciosa’. Empujo contra su cara, gimiendo alto, sin pensar en los vecinos.
Follada brutal con el miedo a ser pillados
Me penetra de golpe, polla abriéndome el coño hasta el fondo. ‘¡Fóllame fuerte!’, grito. Golpes secos, piel contra piel, sofá crujiendo. Cambio, yo encima, cabalgando salvaje, tetas botando. Él me aprieta el culo, dedo en el ano. ‘Quiero tu culo’, murmura. Bebo su saliva del suelo, lubricamos con mi flujo. Me monta por detrás, glande presionando el ojete. Duele al principio, grito ahogado, ‘Despacio… ahhh’. Entra centímetro a centímetro, lleno, estirándome. Va y viene, yo me froto el clítoris frenética. ‘¡Nos van a oír, joder!’, dice riendo, pero acelera. Orgasmos explosivos, yo chorreado, él eyaculando dentro, semen caliente goteando.
Desnudos, sudorosos, fumamos en el balcón, risas cómplices. ‘Mañana en el pasillo, ni una palabra’. Hoy, cruzamos en el corredor, luz fluorescente parpadeando. Nuestras miradas chocan, sonrisas secretas, roce disimulado de manos. Paredes finas, saben que follamos. Ese morbo… ya planeamos la próxima. Ay, qué vicio ser vecina suya.