Ayer mismo, eh… no sé, estaba bajando al supermercado del barrio, con mi carrito vacío, pensando en la compra rutinaria. Y ahí lo vi. Mi vecino del quinto, ese tipo alto, con esa mirada que siempre me ha puesto nerviosa. Lleva semanas observándonos, o eso creo. Sus piernas fuertes, enfundadas en vaqueros ajustados, caminando con ese paso seguro. No es guapo de película, pero tiene algo… común, accesible, que me calienta. Pelo corto, ojos claros, unos treinta y tantos. Lo seguí sin querer, o queriendo, mirando cómo empujaba su carro entre las góndolas. Pasó por delante de lencería, se paró en zapatos, y yo detrás, sintiendo el pulso acelerado.
Subimos al ascensor juntas, cargadas de bolsas. El aire estaba cargado, olía a su colonia mezclada con el plástico de las bolsas. Nuestros brazos se rozaron. ‘¿Otro día de compras?’, dijo él, con esa voz grave. Yo tragué saliva. ‘Sí, siempre igual…’. Silencio. El ascensor pitó en el quinto. Sus ojos bajaron a mis piernas, mis medias negras, la falda que se subía un poco. ‘Oye, ¿café rápido en mi piso? No pierdo tiempo’. Me quedé muda. El corazón latiéndome fuerte. ‘¿Estás loco? Somos vecinos…’. Pero subí. La puerta se cerró, y ahí, en el pasillo desierto, sus labios en los míos. Manos en mi culo, apretando. ‘Te quiero ahora’, murmuró. Entramos tambaleándonos.
La tensión que estalló en el ascensor
Su piso era moderno, ordenado, luz filtrando por las persianas entreabiertas. Me sirvió un vino blanco, frío. Brindamos, ojos clavados. ‘Quítate la ropa’, ordenó. Dudé, pero mis manos obedecieron. Falda arriba, bragas húmedas ya. Él se bajó los pantalones, sacó la polla dura, gruesa. ‘Chúpamela’. Me arrodillé, el suelo frío contra mis rodillas. Lamí el glande, salado, lo metí en la boca. ‘Más profundo, joder’. Empujó, follándome la garganta. Tosí, pero me encantaba el riesgo, oír pasos en el pasillo fuera. ‘Buena puta’. Me levantó, me puso contra la mesa de la cocina. Falda arremangada, bragas a un lado. Dos dedos en mi coño empapado, chapoteando. ‘Estás chorreando por mí’. ‘Sí… fóllame’. Entró de golpe, polla llenándome entera. Golpes fuertes, mesa crujiendo. Agarró mis tetas, pellizcando pezones duros. ‘Grita, pero no mucho, que nos oigan los vecinos’. Gemí bajito, mordiéndome el labio. Me giró, en levrette, nalgadas resonando. ‘Tu coño aprieta como una virgen’. Aceleró, sudando, yo arqueándome. ‘Me corro…’. ‘Dentro no, cabrón’. Sacó, me volteó, semen caliente en mi boca. Lo tragué, lamiendo todo. Quedamos jadeando, olor a sexo en el aire.
Me vestí rápido. ‘Vuelve mañana’, dijo. Salí, piernas temblando, pasillo silencioso. Hoy, cruzándonos en el ascensor, sonrisa cómplice. Sus ojos: ‘Sé lo que hiciste anoche’. Mi coño se mojó de nuevo. El ascensor pitó, salí primero, sintiendo su mirada en mi culo. Secretos así… adictivos. El vecino perfecto para más.