Era viernes por la mañana, septiembre, calorcito. Yo en casa, con una camiseta fina y una falda ligera, sin sujetador, mis tetas pequeñas pero firmes se marcan un poco. Nada de bragas, me encanta esa libertad. Oigo ruido en el pasillo: pasos pesados, voces masculinas. Miro por la mirilla. Son Lino, el vecino latino del segundo, madurito con canas, y Stephen, el joven rubio del tercero, escandinavo total. Ayudan a un vecino con una lavadora nueva. Gruñen cargándola.

Abro la puerta, casual. ‘¿Necesitáis ayuda?’ Lino me guiña un ojo. ‘Siempre, guapa.’ Stephen se sonroja. Entran al pasillo común, pero mi puerta está abierta. ‘Oye, ¿es tuya la lavadora vieja del pasillo?’ pregunto. No, pero la mía está desconectada en la buanderie. Les pido que la bajen. Bajamos al sótano, ascensor estrecho. Sus cuerpos rozan el mío, huelo su sudor, excitante. En la buanderie, conectan la mía nueva. Stephen abre el grifo… ¡y chorro de agua fría me empapa entera!

La tensión sube en el pasillo compartido

‘¡Joder!’ grito, riendo. La camiseta se pega, transparente, pezones duros a la vista. Falda chorreando, mi coño depilado se intuye. Se quedan mudos, pollas marcadas en los pantalones. Lino traga saliva. ‘Perdón, nena…’ Stephen balbucea: ‘E-eh… lo siento.’ Me miro en un espejo sucio: puta visión erótica. ‘Bueno, agua es agua.’ Pero el aire se carga, sus miradas queman.

Subimos al ascensor, solos. Mi ropa gotea, piso mojado. ‘¿No te secas?’, dice Lino, voz ronca. En mi piso, les digo: ‘Pasad, tengo toallas.’ Cierro puerta. Me quito la camiseta delante de ellos, tetas al aire. ‘¿Nunca habéis visto tetas?’ Stephen: ‘S-sí, pero… joder, qué firmes.’ Lino: ‘Déjame ayudarte.’ Me seca el pecho, manos temblando, masajea pezones. Gimo bajito. ‘¿Y abajo?’ Bajo falda, coño a la vista. Stephen jadea.

La barrera cae. ‘Folladme, joder.’ Lino me besa cuello, Stephen chupa tetas. En mi cama, pollas fuera: Lino gruesa, Stephen larga. ‘Sin condón, ¿limpios?’ Asienten. Me pongo a cuatro patas. Stephen me clava la polla en el coño de un empujón. ‘¡Aah! Despacio, cabrón.’ Lino en mi boca, embuchada. Chupando glande salado, coño ramoneado. Ruido de carne, gemidos. ‘¡Calla, que nos oigan los vecinos!’ susurro, pero follo más fuerte. Placer del riesgo, paredes finas.

El clímax brutal y el secreto del día siguiente

Stephen acelera: ‘¡Me corro!’ Chorros calientes en mi coño. Lino eyacula en boca, leche espesa, trago. Pero no paran. Lino me monta, polla gorda estira coño lleno de corrida. ‘¡Qué puta coñera!’ Stephen lame mi culo. Cambian: doble penetración. Una en coño, otra en culo. ‘¡Sí, reventadme!’ Grito ahogado. Sudor, olores, slap-slap de huevos. Orgasmo me parte, tiemblo, chorro de chocho.

Agotados, se corren dentro: coño y culo rebosando leche. Limpio con lengua sus pollas blandas, gusto mixto. ‘Llevaos los kleenex sucios’, digo. Se visten, besos. ‘Volveremos.’

Al día siguiente, pasillo. Lino pasa, mano en mi culo disimulada. ‘¿Bien dormida, puta?’ Sonrío. Stephen guiña: ‘Otra entrega pronto.’ Secreto quema, vecinos ajenos. Mi coño palpita recordando. Vida de vecindad prohibida, adictiva.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *