Ayer por la tarde, como siempre, espiaba por las rendijas de las persianas. Él estaba en su salón, en calzoncillos, rascándose la polla distraído mientras veía la tele. Dios, qué guapo, con ese cuerpo tonificado del gimnasio del edificio. Mi coño se mojó al instante. Llevamos semanas con esa tensión: saludos en el pasillo, roces ‘accidentales’ en el ascensor. Él casado, yo soltera y viciosa. Anoche, su mujer se fue de viaje. Me mandó un wasap: ‘Ven a las 10, puerta entreabierta’. El corazón me latía fuerte.
Bajé sigilosa, el pasillo vacío, solo el eco de mis tacones. Empujé la puerta… oscuridad, luz tenue del salón. Él en el sofá, en slip, polla medio dura. ‘Hola, preciosa’, susurró. Me acerqué, temblando de excitación. Nos besamos ya con lengua, manos por todas partes. ‘Calla, que nos oigan los vecinos’, dijo riendo bajito. Le bajé el slip, saqué su verga gruesa, venosa. Me arrodillé, la lamí desde las bolas hasta el glande. Él gime: ‘Joder… chúpamela bien’. La metí en la boca, succionando fuerte, saliva chorreando. Me follaba la garganta, cogiéndome el pelo.
La Mirada Voyeur y la Tensión en el Ascensor
Me levantó, me quitó el vestido. Quedé en tanga y tetas al aire. ‘Te voy a atar’, murmuró sacando una venda y cuerda de su bolsillo. ‘¿Qué? ¿Aquí?’, pregunté excitada. ‘Sí, sin marcha atrás’. Me vendó los ojos, negro total. Manos atrás, atadas firmes. El corazón retumbaba. Me guió al sofá, piernas abiertas sobre los reposabrazos. Mi coño expuesto, labios hinchados, jugos goteando. ‘Mira cómo mojas, puta’. Metió dos dedos, me los dio a chupar. Sabía a mi propia lefa, salada.
Se arrodilló, lengua en mi clítoris. ‘¡Ahhh… lame más!’, supliqué. Lamía voraz, mordisqueando labios, dedo en el culo de golpe. ‘¡Sí, joder, métemelo!’. Casi corro, pero paró. ‘A la habitación’. Me llevó a gatas por el pasillo, polla restregando mi espalda. Claques en el culo: plaf, plaf. ‘¡Calla, que nos pillan!’, reí nerviosa. En la cama, orejeras bajo rodillas, cara abajo, culo en pompa. Escupió en mi raja, polla en coño de una. ‘¡Follame fuerte!’. Embistió brutal, bolas golpeando.
Follada Brutal con el Riesgo de los Vecinos
Sacó, glande en ano. ‘Relájate, zorra’. Entró despacio, luego todo. ‘¡Aaaah, duele… pero qué rico!’. Me sodomizaba salvaje, piel contra piel, sudados. ‘Tu culo es mío, aprieta’. Gemía alto, sin control: ‘¡Más, rómpeme el ojete!’. Sacó, me volteó atada, piernas abiertas. Sacó dos dildos: uno vibrador dorado, otro gordo rosa. ‘Doble follada’. Vibrador en coño, su polla en culo. ‘¡Llenadme, coño!’. Ritmo feroz, sincronizado. Vibraciones me volvían loca. ‘¡Me corro… aaaah!’. Quitó venda, ojos en ojos mientras explotaba, cuerpo convulso, chorros de squirt.
Él aceleró, ‘Me vengo en tu culo’. Gimiendo, semen caliente inundándome. Colapsamos, sudados, jadeando. ‘Joder, nunca tan bestia’, dijo besándome. Desató, abrazados. Dormí un rato en sus brazos.
Al día siguiente, pasillo. Él con bolsas compra, yo con bata. Nuestras miradas: fuego secreto. ‘Buen día’, sonrió pícaro. Rozó mi mano, guiño. Mi coño palpita aún recordándolo. El ascensor pasa, vecinos ajenos. Nuestro prohibido sigue ardiendo.