Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó el otro día con el vecino del quinto. Yo vivo en el cuarto, sola desde que enviudé hace dos años. Abierta a todo, ¿sabéis? Me flipa el morbo de lo prohibido, ese pellizco de ser vista o pillar a alguien… y el pis, uf, esa fantasía que me moja el coño desde chica.

Todo empezó una noche. Luz filtrando por las persianas del baño de enfrente. Me asomé al balcón, aire fresco rozándome las tetas bajo la camiseta fina. Le vi: alto, delgado, veintitantos, polla en mano, meando en el váter con cara de placer. El chorro potente, salpicando el borde. Me quedé clavada, mano entre piernas, frotándome despacito. ¿Me vio? No sé, pero al día siguiente, en el ascensor…

La mirada furtiva y la chispa en el ascensor

Entramos juntos. Puertas cerrándose con ese zumbido metálico. Pasos en el pasillo antes, eco hueco. Él oliendo a jabón fresco, yo con falda corta. Nuestras miradas chocan en el espejo. ‘Buenas’, dice él, voz ronca. ‘Buenas tardes’, respondo, mordiéndome el labio. Cuerpos cerca, roce accidental de cadera. Siento su paquete endurecerse contra mi culo. Tensión eléctrica. ‘¿Vives sola?’, pregunta, ojos bajando a mis tetas. ‘Sí… ¿y tú?’. ‘Célibe, con ganas de experimentar’. El ascensor para en mi piso. ‘Si quieres… pásate’, susurro, corazón latiendo fuerte. Puerta abierta, él duda. Entra.

Mi piso, luces tenues. Lo arrastro al baño. ‘Sé lo que vi anoche’, digo, quitándome la blusa. Tetetazas al aire, pezones duros. Él jadea: ‘¿Me espiabas? Joder…’. Le bajo los pantalones. Polla tiesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Quiero tu pis, caliente, sobre mí’. Se ríe nervioso: ‘¿Aquí? Las paredes son finas, nos oirán los vecinos’. ‘Mejor, el riesgo me pone’. Me pongo de rodillas en la bañera fría, azulejos azules reluciendo. Él se sube el slip, apunta. Chorrito primero, tibio en mi cara. ‘Abre la boca’, gruñe. Obedezco, lengua fuera. Me mea fuerte, salado, llenándome la garganta. Trago, coño chorreando. ‘¡Joder, qué puta caliente!’, gime él, polla palpitando.

El desahogo salvaje y el cruce cómplice

Le empujo contra la pared. ‘Ahora yo’. Me agacho sobre su pecho desnudo, coño depilado abierto. ‘Mira cómo meo’. Relajo, chorro dorado directo a su polla. Salpica, moja sus huevos, corre por su vientre. Él se toca furioso: ‘¡Sí, me duele la vejiga, fóllame con tu pis!’. Grito bajito, orgasmillo por el morbo. Paredes vibran con un golpe de arriba, ¿vecinos? Silencio tenso. Nos miramos, sudorosos, oliendo a sexo y orina. Le chupo la polla meada, limpia, dura como piedra. ‘Fóllame el coño’, suplico. Me penetra de pie, embistes brutas, agua pis salpicando. ‘¡Cállate o nos pillan!’, susurra, tapándome la boca. Corro, él eyacula dentro, semen caliente mezclándose.

Después, ducha rápida, risas ahogadas. ‘Vuelve pronto’, le digo, besándole. Se va de puntillas por el pasillo oscuro.

Al día siguiente, cruzamos en el rellano. Olor a café del edificio. Él con sonrisa pícara: ‘¿Dormiste bien?’. Yo guiño: ‘Soñando con tu chorro’. Pasos lejanos, puertas cerrándose. Nuestros ojos dicen todo: secreto uro, prohibido, adictivo. El ascensor espera, ¿repetimos?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *