Era una noche de verano, el calor pegajoso. Mi balcón da al suyo, separados por un metro de aire quieto. La luz amarilla filtraba por las persianas entreabiertas de Pablo y Laura, mis vecinos del 4ºB. Oí risas ahogadas, luego un susurro. No pude resistir: me acerqué sigilosa, el corazón latiéndome fuerte. Los vi. Ella en la cama, él acariciándole las caderas por encima del camisón. La curva de sus nalgas, esa que tanto me pone. Él le bajó la braguita despacio, ella se mordió el labio.

De repente, ella se levantó, ‘Voy al baño’, murmuró. Él sonrió pícaro, ‘Te acompaño’. Eh… ¿en serio? Me quedé helada. Entraron juntos, la puerta del baño entreabierta. La luz cruda del fluorescent. Ella se sentó en el váter, él se agachó delante, mirándola fijo. Oí el chorro fuerte, salpicando. Él metió la mano, limpiándola con papel, pero no paró: dedos en su coño hinchado, resbaladizo. Ella jadeó bajito, ‘Pablo…’. Él la lamió ahí mismo, mientras el pis goteaba. Joder, mi coño se mojó al instante. El olor imaginado, esa intimidad sucia… me toqué por encima del short, el aire fresco del balcón erizándome la piel.

La mirada que lo cambió todo

Días después, en el ascensor. Solos. Pablo entró, oliendo a colonia fresca. Nuestras miradas chocaron. ‘Buenas, Lola’, dijo con esa voz grave. Yo, roja como un tomate, recordando su lengua en el coño de Laura. ‘Eh… sí, calor, ¿no?’, balbuceé. Él se acercó un paso, el ascensor pitó en el 3º. ‘Te vi anoche en el balcón’, susurró. Mi pulso se aceleró. ‘Yo… te vi a vosotros’. Silencio espeso. ‘Laura sale esta tarde. Sube si quieres… ver más de cerca’. La puerta abrió. Asentí, temblando.

Subí a las 7, nerviosa, pasos amortiguados en el pasillo. Abrió en calzoncillos, polla medio dura marcada. ‘Pasa’. Directo al baño, como si supiera mi fantasme. ‘Quiero mear, ¿me acompañas?’, dijo juguetón. Me arrodillé, él sacó la polla gorda, venosa. Chorros calientes contra el váter, salpicándome las rodillas. ‘Límpiala’, ordenó. Tomé papel, pero lamí el glande salado, pis y precum. ‘Joder, Lola, chúpamela’. Me la metí entera, garganta profunda, mientras él gemía ‘Sí, puta vecina’. Miedo a que los del 4ºA oyeran, paredes finas. Me levantó, me bajó los leggings, coño empapado. ‘Mira cómo chorreas por espiarnos’. Dos dedos en mi raja, frotando clítoris hinchado. ‘Fóllame aquí, Pablo, rápido’. Me empotró contra el lavabo, polla dura rompiéndome el coño. Plaf, plaf, mis tetas rebotando. ‘Tu coño aprieta más que el de Laura’. Le arañé la espalda, ‘Cállate, nos oyen… ahh, más fuerte’. Me giró, ano expuesto, escupió y metió la punta. ‘No… sí, joder, rómpeme el culo’. Empujones brutales, su vientre contra mis nalgas, sudor goteando. Me corrí gritando bajito, coño contrayéndose, él eyaculó dentro, lechada caliente desbordando.

El clímax sucio y el secreto compartido

Caímos jadeantes en el suelo frío. ‘Vuelve cuando quieras’, murmuró. Salí flotando, piernas temblorosas.

Al día siguiente, pasillo. Laura charlando con otra vecina. Pablo pasó, ojos en mí. Sonrisa cómplice, guiño. ‘Buenos días’. Mi coño palpitó recordando su polla. El secreto quema, delicioso. Quiero más.

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