Acababa de mudarme al edificio hace un mes. Lluvia fina, cielo gris, viento que cala los huesos. Bajo al ascensor y ahí está él, el del 4ºB, ese profe de mates casado que siempre saluda con timidez. Pelo castaño, gafas, cuerpo normalito pero con esa mirada… hambrienta. Nuestros ojos se cruzan, sonrío. ‘Hola, ¿qué tal el día?’, digo suave. Él tartamudea, ‘Bien… mal tiempo’. El ascensor baja lento, oigo sus pasos nerviosos en el metal.
Al día siguiente, mismo rollo. Pero esta vez, el brazo roza mi pecho por accidente. Dios, mis tetas enormes bajo la blusa holgada. Siento su mano temblar, cálida, suave contra mi carne. Me pongo roja, ¿vergüenza o morbo? Él se disculpa, ‘Perdón…’, pero sus ojos bajan a mi escote. Mi coño palpita ya. ‘No pasa nada’, río bajito, mordiéndome el labio. Desde entonces, cada encuentro en el pasillo o ascensor es electricidad. Oigo sus pasos en el corredor a medianoche, luz filtrando por debajo de su puerta. Me toco pensando en él, imaginando su polla tiesa.
La tensión que crece en el edificio
Una noche, solo nosotros en el ascensor. Puerta cierra, paramos entre pisos. ‘No aguanto más’, murmura él, y me besa. Fuerte, desesperado. Sus manos aprietan mis tetas, las saca de la blusa. ‘Joder, qué pechos tan perfectos’, gime. Yo… jadeo, ‘Cállate, nos oirán los vecinos’. Pero abro las piernas, su mano baja a mi falda, encuentra mi tanga empapada. ‘Estás chorreando’, dice, metiendo dedos en mi coño. Gimo, mordiéndome el puño. El ascensor tiembla, ¿se parará?
Lo empujo contra la pared, le bajo el pantalón. Su polla sale dura, gorda, venosa. La chupo ansiosa, lengua en el glande, saliva chorreando. ‘¡Dios, tu boca!’, gruñe él, agarrándome el pelo rojo. Me pone de rodillas, folla mi garganta. Ruido de succión, eco en el metal. Luego me levanta, me da la vuelta. ‘Quiero tu culo’, susurra. Escupo en mi mano, unto su polla. Empuja despacio… duele rico. ‘¡Ahh, despacio!’, gimo, pero empujo contra él. Entra entero, me folla el culo fuerte, tetas rebotando contra la puerta.
El polvo brutal y el secreto compartido
Sus manos en mi clítoris, lo masajea mientras me taladra. ‘Córrete, puta vecina’, jadea. Exploto, coño squirteando, piernas temblando. Él acelera, ‘Me vengo…’. Saca, chorros calientes en mi culo y tanga. Oímos pasos arriba, voces. ‘¡Rápido!’, susurro. Nos subimos la ropa, ascensor arranca. Bajamos sudados, sonrientes.
Al día siguiente, pasillo. Nuestras miradas se cruzan, secreto ardiendo. Él pasa, roza mi mano. ‘Anoche… increíble’, murmura. Sonrío pícara, ‘Silencio, o tu mujer se entera’. Oigo su puerta cerrar, imagino su polla endureciéndose otra vez. El edificio nunca fue tan excitante.