Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó la otra noche. Vivo en un edificio antiguo de Barcelona, paredes finas como papel, siempre oigo todo. Insomnio total, sudando bajo las sábanas. Oigo gemidos… del piso de al lado. Mis vecinos, ella una morena tetona con culo de infarto, él un tío alto y sumiso. Me levanto, corro las cortinas un pelín, luz tenue del balcón filtra. Joder, ahí está ella, a cuatro patas en el sofá del salón, visible desde mi balcón. Él de rodillas, con la lengua enterrada en su culo. Lamía como loco, slurp slurp, ella gimiendo bajito, ‘más profundo, cabrón’. El aire fresco de la noche me eriza la piel, huelo su perfume mezclado con sudor. Mi coño se moja al instante, me toco pensando en unirme.

Al día siguiente, ascensor. Solo ella y yo. Piel de gallina, el zumbido del motor, olor a su jabón. Me mira, sonrisa pícara. ‘Anoche… ¿estabas mirando por la ventana? Te vi la sombra’. Me quedo muda, eh… sí, balbuceo. ‘Me pone cachonda saberlo. Ven esta noche, a las 12. Puerta entreabierta’. Sus ojos negros me traspasan, mi tanga empapa. El ascensor para, sale meneando el culo, yo tiemblo.

La Mirada Indiscreta y la Tensión en el Ascensor

Llego puntual, corazón latiendo fuerte. Pasos en el pasillo oscuro, crujen las baldosas. Empujo la puerta, luz roja tenue. Ella en picardías, él desnudo, polla medio tiesa. ‘Siéntate, voyeuse. Ahora verás de cerca’. Me siento en el sofá, ella se pone a cuatro patas delante, ‘lámeme el culo como él’. Él obedece primero, lengua en su ano fruncido, ella jadea. ‘Tú ahora’, me ordena. Me arrodillo, huelo su culo sudado, divino. Paso la lengua por sus nalgas redondas, suave al principio, luego apunto al agujerito. Salado, caliente, ella gime ‘¡joder, sí! Métela’. Empujo la lengua dentro, chupando fuerte, mientras ella se toca el clítoris. Él nos mira, pajéandose.

‘Tu turno, fóllame el coño’, gruñe ella. Él la penetra de un empellón, polla gruesa entrando en su coño chorreante, plaf plaf. Yo sigo lamiéndole las tetas colgantes, mordiendo pezones duros. ‘Ahora mi culo’, pide. Él saca, saliva en la polla, y empuja en su ano. Ella grita ‘¡ahhh, rasga mi culo!’, yo meto dedos en su coño, sintiendo la polla palpitar a través de la pared. Sudor gotea, oímos pasos en el pasillo arriba, miedo… placer del riesgo. ‘Córrete dentro’, ordena. Él acelera, gruñe, eyacula en su culo, semen chorrea. Ella se gira, ‘chúpame la polla limpia’. Yo lo hago, sabor a culo y corrida. Luego ella me tumba, ‘abre las piernas’. Me come el coño voraz, lengua en mi clítoris, dedos en ano. Me corro gritando, mordiendo cojín para no alertar vecinos.

El Polvo Brutal en el Piso de Al Lado

Ella cabalga su polla recuperada, yo le lamo el culo mientras folla. ‘¡Voy a correrme!’, aúlla. Se corre temblando, yo lameo el semen que sale. Exhaustos, sudor pegajoso, oímos el ascensor lejano. ‘Vete ya’, susurra ella, beso rápido.

Al día siguiente, pasillo. Él pasa, guiño cómplice, erección notoria en pantalón. Ella sale, ‘repetimos?’, sonrisa. Nuestro secreto quema, cada crujido de puerta me excita. Vecinos para follar, qué vicio.

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