Anoche volvía tarde del curro, con el cuerpo pesado pero la cabeza llena de morbo. Subo al balcón a fumar un piti, el aire fresco de octubre me eriza la piel. La luz de la luna filtra por las persianas del vecino del 4A, ese tío alto, moreno, con ojos que te desnudan. Lo pillo moviéndose en la cama, solo, mano en la polla dura, gimiendo bajito. Joder, se me moja el coño al instante. Apago el cigarro, corazón latiendo fuerte, y bajo al ascensor.
El pitido suena, puertas se abren. Ahí está él, con pantalón de chándal ajustado, marcando paquete. ‘Buenas noches’, dice con voz ronca, sonrisa ladeada. Yo entro, huelo su colonia mezclada con sudor fresco. El ascensor arranca, luz tenue parpadeando. Nuestras miradas se cruzan en el espejo. Siento su calor a un metro, el silencio pesado. ‘Te vi anoche’, suelto de repente, voz temblorosa. Él se gira, cejas alzadas. ‘¿Sí? ¿Y qué viste?’. Me acerco, rozo su brazo. ‘Lo suficiente para mojarme’. El ascensor para en el 3, nadie sube. Sus manos en mi cintura, boca en mi cuello. ‘Joder, nena, no aguanto más’. Nos besamos salvajes, lenguas enredadas, dientes chocando.
La Mirada que Enciende la Chispa
Sus dedos bajan mi falda, palpando mi tanga empapada. ‘Estás chorreando’, gruñe, metiendo dos dedos en mi coño resbaladizo. Gimo alto, pero tapo la boca. El ascensor sigue subiendo lento, botón pitando en cada piso. Me gira contra la pared, baja sus pantalones. Su polla sale tiesa, gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Fóllame ya’, le suplico, arqueando la espalda. Me embiste de un golpe, polla abriéndose paso hasta el fondo. ¡Ay, Dios! Duele y flipa a la vez. Empieza a bombear fuerte, huevos chocando contra mi culo. ‘Shh, que nos oyen los vecinos’, jadea él, pero no para, me taladra como un animal.
El Follón Brutal y el Secreto Caliente
Yo me corro primero, coño apretando su verga, jugos chorreando por mis muslos. Él gruñe, ‘Me vengo, puta’, y me llena de leche caliente, chorros potentes que siento palpitar. Nos quedamos pegados, sudados, respirando agitados. El ascensor llega a su piso, puertas abren. Nos separamos rápido, él sale con guiño. ‘Hasta mañana, vecina’. Yo bajo en el mío, piernas temblando, coño palpitando con su semen resbalando.
Al día siguiente, en el pasillo, luz fluorescente zumbando, pasos lejanos. Nos cruzamos. Él con traje, yo con vaqueros ajustados. Nuestras miradas chocan, sonrisa cómplice. ‘Buenos días’, dice bajito, rozando mi mano. Siento el calor subir otra vez, el secreto quemándonos. ‘Sí, muy buenos’, respondo, mordiéndome el labio. Paso de largo, culo meneándose, sabiendo que nos veremos pronto. El morbo del peligro, de ser vecina y puta suya, me tiene enganchada. ¿Y si nos pillan? Eso lo hace aún más rico.