Esto pasó hace un par de años, pero aún me pone la piel de gallina recordarlo. Tenía 22, recién llegada de España a un edificio pijo en la costa sur de Francia para la uni. Encontré un pisito en el sótano de Silvia, una tipa de 46, directiva de banco, divorciada, con curvas asesinas: 1,75, tetas 90C, culo redondo que marcaba con faldas ceñidas. Su mirada, a veces sumisa, otras puta. Vivía con su hija Ivette, 26, igualita pero más delgada, soltera desde hacía un año.
Yo en mi agujero abajo, cerca de la lavandería común. Al principio, todo guay: desayunos juntos en la cocina, tardes en la piscina del jardín trasero. Agosto, calor asfixiante. Ivette bronceándose siempre, bikini mínimo, culo perfecto. La pillaba mirándome el paquete cuando me quitaba el short, mi polla de 19 cm semi dura marcando tela. Frío rozones en el agua, sus ojos clavados en mí a escondidas. La cosa subía de tono, pero sin forzar, por el curro que me costó el piso.
La sorpresa en el pasillo y la tensión en la piscina
Un día, desayuno solo. Oigo pasos arriba, crujen las escaleras. ‘¡Ivette, el desayuno está!’. Nada. Subo, moqueta amortigua. Paso por el baño, puerta entreabierta. Joder, ahí está: sentada en el váter, piernas abiertas, masturbándose a tope. Ojos cerrados, lengua lamiendo labio, uñas rojas en el clítoris rosado, dedos metidos en el coño chorreante, pellizcando pezones duros. No me oye. Me pongo tieso al instante, bajo el short, saco la polla y me pajeo mirándola. Se arquea, gime largo, corre. Abre ojos, shock total. ‘Joder… qué guapa estás así. Mira lo que me haces’. Le miro la cara roja, polla en mano. ‘Voy a correrme para ti’. Me acerco, chorros gordos de lefa en sus tetas. Me limpio el glande en su tanga tirada, subo short y me piro a duchar.
Vuelvo de 18h, ella en salón, tele. Tensa. Mi polla revive el recuerdo, abulta pantalón. Se fija. Me planto: ‘Sé que piensas en lo de esta mañana. Yo también. Ven’. Bragueta abajo, agarro nuca, polla en labios. ‘Chúpamela’. Duda, pero engulle. Lengua en el tronco, huevos, glande. Me corro en garganta, lame resto, traga. Beso con saliva y semen. Le manoseo tetas bajo vestido, clítoris hinchado. Nos desnudamos salvajes. Coño rasurado, solo pelito encima. Le como el chocho, juiciosa gritando. Se empala: ‘Despacio, hace meses no follo’. La muevo lento, luego cabalga loca, ‘¡Sí, joder, qué polla!’.
El sexo crudo en el salón con el riesgo de ser vistos
No oímos la puerta. Miro: Silvia ahí, falda subida, dos dedos en coño, mirándonos. Sonrío, dedo en boca: shhh. Sigo machacando a Ivette, que no ve nada, hasta que corre. Silvia también, ojos en blanco. Desaparece.
Bajamos a mi piso, ducha. Silvia se piró en coche, remordimientos supongo.
Al día siguiente, pasillo estrecho, luz filtrando stores. Cruce con Ivette: sonrisas cómplices, roce mano en culo. ‘Anoche… brutal’. Susurro: ‘Tu madre nos vio’. Se sonroja, pero brilla ojos. ‘Calla, guarra’. Aire fresco del balcón vecino, pasos lejanos. Secreto quema, frenesí de lo prohibido. Quiero más.