Acababa de mudarme a este edificio viejo del centro, paredes finas como papel, se oye hasta el suspiro del de abajo. Primera noche, pasos en el pasillo, tacones lentos… clic, clic. Me asomo por la mirilla, es ella, Laura, la del ático, morena con curvas que matan, tetas grandes bajo la bata fina. Lleva una botella de vino, sonrisa pícara. Al día siguiente, en el ascensor, solo nosotros tres. Él, Marcos, alto, musculoso, olor a hombre después de gym, roza mi culo ‘por accidente’. Yo siento el calor subir, coño húmedo ya. ‘Nueva, ¿eh? Si necesitas azúcar… o lo que sea’, dice él, voz grave. Ella ríe bajito, mano en mi hombro: ‘Pásate esta noche, vecina. Te enseño el barrio’. El ascensor para, salgo temblando, pezones duros contra la blusa.
Esa noche, toco la puerta del ático. Aire fresco del balcón entreabierto, luz de neón filtrando por las persianas. Laura abre en camisón transparente, pezones oscuros visibles. ‘Entra, cariño, no muerde… mucho’. Vino tinto, charla tonta sobre el edificio, vecinos cotillas. De repente, su mano en mi muslo: ‘Te vi mirándonos ayer por la ventana, ¿eh?’. Me sonrojo, pero ella besa mi cuello, lengua caliente. ‘Relájate, aquí se comparte todo’. Me quita la camiseta, chupa mis tetas, muerde suave. ‘Tu coño huele a miel fresca’, murmura, bajando la mano por mi falda. Dedos en mi tanga, resbaladizos ya. La sigo al sofá, piernas abiertas. ‘Lámeme primero, aprende’. Su coño depilado, labios hinchados, clítoris como una perla dura. Meto la lengua, sabe a sal y deseo, ella gime bajito: ‘Sí… así, chúpame el botón de Hathor, no lo olvides’. Gime más fuerte, miedo a que oigan los del piso bajo, pasos en el pasillo afuera.
La mirada que enciende el fuego en el pasillo
Marcos entra sigiloso, polla ya tiesa bajo los pantalones, enorme, venosa. ‘Buena alumna’, gruñe. Laura me empuja: ‘Ahora él’. Me pone a cuatro patas en el balcón semiabierto, aire fresco en la piel desnuda, riesgo de que alguien mire desde enfrente. Marcos escupe en mi coño, mete la polla de un golpe, dura como hierro. ‘¡Joder, qué prieta!’, jadea. Me folla brutal, pellizca tetas, cachetes en el culo resonando. ‘Cállate o nos pillan’, susurra Laura, pero ella se toca viendo. Cambio: yo encima, cabalgo su verga, coño chorreando, clítoris frotando. Él lame mis axilas sudadas, sabor a thymo fresco como ella dice. Laura se une, 69 con ella mientras él me empala. ‘Mámame la polla después’, ordena. Sale de mi coño, la meto en boca, sabe a mí, semen precursory salado. Gime: ‘Traga, puta vecina’. Eyacula en mi garganta, caliente, espeso. Laura lame mi coño lleno de corrida, orgasmo me sacude, grito ahogado.
Al día siguiente, pasillo estrecho, ella pasa rozándome: ‘Buena lección, ¿repito?’. Él guiña ojo en el ascensor, mano fugaz en mi culo. Secreto quemando, coño palpitando aún. Cada ruido ahora es morbo puro.