Hace calor esta noche de verano, como en junio pero peor. Estoy en mi piso, sudando, sin poder dormir. Miro por la ventana entreabierta, las persianas mal cerradas dejan pasar la luz del quinto piso, el de enfrente. Ahí está él, mi vecino, el tipo grandote de unos cuarenta, con esa cicatriz en la cara que le da pinta de aventurero. Se quita la camisa, el pecho ancho, musculoso, sudado. Joder, qué polla debe tener ese tío. Me pongo caliente solo de verlo, toco mi coño por encima de las bragas, imaginando.
Al día siguiente, bajo al ascensor. Nerviosa por el examen de mañana, el que decide si me voy al extranjero con beca. Oigo pasos en el pasillo, pesados, como botas. Es él. Entra, huele a hombre, a sudor limpio. ‘Buenas’, dice con voz grave. Yo balbuceo ‘hola’, el ascensor sube lento, el zumbido, el calor nos pega. Nuestras miradas se cruzan en el espejo. Sonrío tonta, él se acerca un poco. ‘¿Calor eh?’, murmura. Su mano roza mi cintura al girar. El pulso se me acelera, siento mi tanga húmeda. El ascensor para en mi piso, pero no salgo. Él pulsa el quinto. ‘Sube un rato, te enseño mi terraza, fresco’, dice. La barrera cae, entro en su piso.
La mirada que lo cambió todo
La puerta se cierra con un clic. Me besa sin pedir, lengua fuerte, manos grandes en mi culo. ‘Joder, te vi anoche mirando’, gruñe. Yo gimo, ‘sí, no pude evitarlo’. Me arrastra al salón, persianas entreabiertas, luz de la calle filtra. Oímos pasos en el pasillo de fuera, vecinos pasando. El morbo me moja más. Me quita la blusa, nada de sujetador, chupa mis tetas duras. ‘Qué pezoncitos ricos’, dice mordiendo suave. Yo bajo la mano, palpo su polla tiesa bajo el pantalón, enorme, gruesa. ‘Quítatelo todo’, ordena.
Desnuda, me tumba en el sofá. Sus dedos en mi coño, resbaladizo. ‘Estás empapada, puta curiosa’. Me come el chocho, lengua plana lamiendo labios, luego mete dos dedos, bombea. Gimo alto, tapo la boca pensando en los vecinos. ‘Quieta, que te oigan’, ríe él. Se pone de rodillas, saca la polla: larga, venosa, cabeza roja. La chupo ansiosa, saliva chorreando, la meto hasta la garganta, toso pero sigo, masajeo huevos peludos. Él me folla la boca, suave al principio, luego fuerte. ‘Trágatela, vecina’. Oigo voces lejanas en el bloque, el peligro me excita.
Follada brutal con riesgo de ser oídos
Me pone a cuatro, polla en mi coño de un empujón. ‘¡Ahhh!’, grito bajito. Entra toda, me llena, me parte. Pistonea brutal, huevos chocando contra mi clítoris. Sudor gotea, olor a sexo crudo. Cambio de postura, me monta encima, yo cabalgo, tetas rebotando. Sus manos en mi culo, un dedo en el ano, lo mete entero. ‘¡Fóllame más!’, suplico. Él acelera, ‘me voy a correr dentro’. Yo aprieto, corro primero, coño chorreando jugos. Él gruñe, leche caliente me inunda, chorros potentes. Nos quedamos jadeando, pegados.
Después, ducha rápida, nos vestimos. ‘Vete ya, que no nos vean’, dice besándome. Duermo como un lirón, al día siguiente bajo confiada al examen. En el pasillo, nos cruzamos. Él va de traje, limpio, serio. Nuestros ojos se clavan, sonrisa cómplice. ‘Buenos días, vecina’, dice bajo. Siento su semen aún dentro, el secreto quema. Pase la prueba, calma total. Él guiña ojo. Sé que repetiremos, el piso vacío espera.