Era la hora del almuerzo. Dejé mis papeles en el piso y salí pitando al bar del edificio. Mi vecino Pablo se había torcido el tobillo esta mañana, intentando impresionar a la del quinto con un salto tonto en las escaleras. Le prometí un bocadillo, el pobre.

En la cola, siento una mano en el hombro. — ¿Sabes algo de Pablo? —Es Sofía, la vecinita del tercero. Pelo largo castaño, gafas grandes, culito prieto en unos vaqueros ajustados. Su novio mayor la tiene harta, rutina total a sus veinte años. Gentil, pero plana arriba. Le digo que sí, que voy a verlo a la enfermería del edificio.

La tensión que sube en el pasillo compartido

—Ven conmigo, así no comes sola. —¡Genial! —Sonríe.

Charlamos camino al ala administrativa. Sus quejas: clases aburridas, novio cansado que llega muerto al piso. La escucho a medias. Oigo los pasos lejanos en el pasillo desierto, el eco hueco. El edificio está vacío a esta hora, todos comen fuera.

Entramos. Pablo en la camilla, el resto vacío. La enfermera en pausa. Él, guapo cabrón: futbolista magrebí-francés, musculoso, sonrisa diabólica. Yo… bueno, cuerpo atlético de tanto gym, pero cara peculiar.

Le paso el bocata. Nos sentamos al lado. Sofía se levanta a darle agua, retrocede… y se apoya justo entre mis piernas. No se mueve. Sigue hablando como si nada. Pero el aire cambia. Corazón latiendo fuerte, boca seca. Todos lo sentimos.

Pongo manos en sus caderas. Ella parlotea con Pablo, que me guiña ojo. Subo por su vientre, bajo el jersey. Piel suave. Tiemblo. Desabrocho su vaquero, meto mano. Dedos en braga, rozando. —No tires de la braguita, porfi… —susurra.

La bajo todo, con el pantalón a los tobillos. Patea zapatos, abre piernas. Mis dedos en su coño: caliente, mojado, pelos cortitos. La exploro despacio, ella gime bajito. Pablo saca su polla dura, gorda, glande moreno hinchado. —Sofía, atiéndeme tú también…

Ella se inclina, lame toda la verga. Bolas afeitadas. Chupa el capullo como lolipop. Yo sigo en su coño chorreante, dedo en el culo. ¡Mi primera vez así! Empujo la camilla, saco mi tanga. No, espera: soy yo la que frota mi coño en su espalda, pero… no, adapto: Pablo me mira, yo me bajo el pantalón también.

No, hagámoslo real: Sofía entre Pablo y yo, pero como mujer, yo acaricio, ella me toca. Tension: mis manos en ella, Pablo se une.

Corrijo flow: Sofía apoyada en mí, Pablo nos mira. Bajo su ropa, la dedo. Él saca polla. Ella la mama. Yo meto dedos en su coño y culo. Luego, Pablo la folla desde el lado, yo la beso, toco.

El polvo brutal y el secreto ardiente

Pero crudo: Sofía gime fuerte, —Shhh, nos oyen… —susurro. Placer del riesgo, vecinos arriba-abajo.

Pablo la pone a cuatro entre camillas. Polla entra en su coño de un empujón. —¡Joder, qué prieta! —Clac clac de huevos. Yo le meto dedos en boca, luego en mi coño me masturbo viendo. Ella me agarra, lame mi clítoris. Lengua caliente, chupando.

—Fóllame más fuerte, Pablo… —gime. Él la taladra, sudando. Olor a sexo, luz filtrando persianas, crujido camilla. Yo monto su cara, coño en su boca. Ella lame voraz, yo me corro gritando bajito.

Pablo gruñe, —Me corro… —Leche en su coño. Ella traga mis jugos, yo bajo a lamer el mix de semen y coño de su agujero goteante. Dedos dentro, chupando polla blanda de Pablo.

Segundo round: Pablo me folla a mí ahora. Sofía guía su verga en mi coño empapado. —¡Entra, cabrón! —Empuja, llena. Follo como loca, tetas rebotando. Sofía besa mi cuello, pellizca pezones. —Cuidado, pasos en pasillo… —susurro. Adrenalina pura.

Clímax: me corro apretando su polla, él eyacula dentro, caliente. Sofía lame todo.

600 mots aprox.

Después, vestimos rápido. Sudor, olor persistente. Salimos como si nada. Pablo guiña: secreto.

Al día siguiente, pasillo. Sofía cruza mirada, rubor. Sonrisa cómplice. Pablo saluda normal. Corazón salta. Nuestros pisos pegados, paredes finas. ¿Oyeron gemidos? Frisson eterno.

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