¡Joder, qué calor esa noche de julio en el bloque! Madrid hirviendo, el aire del piso espeso, pegajoso. No pegaba ojo, sudando bajo la sábana fina. Mi camisón se me pegaba al cuerpo, los pezones tiesos rozando el algodón. Del piso de al lado, risitas ahogadas. Carmen, mi vecina del 4ºB, la rubia menudita, ojos verdes, piel pálida como la leche. Siempre tan dulce, tan servicial. Golpeé la pared: ¿Carmen? ¿Estás despierta?

Su voz, bajita: Sí, Patri… no puedo dormir, hace un puto infierno. ¿Y tú? Igual, tía. ¿Bajamos a la lavandería del sótano? Allí hay un grifo grande, nos refrescamos los pies, al menos… Vale, chula, espera.

La casualidad que encendió la chispa

Pies descalzos en el pasillo frío, pisadas suaves, eco en la escalera. El ascensor pitó al abrirse. Bajamos en silencio, el olor a humedad subiendo. Puerta del sótano chirría leve. Dentro, luces tenues, máquinas paradas. Risas lejanas, agua cayendo. Carmen me agarra el brazo: Shh, ¿qué es eso? Nos acercamos gateando casi, al fondo, el cuartito de la ducha para el portero, mal cerrado.

Allí, dos vecinas de arriba, Sofia la morena curvilínea y Alba la delgada. Desnudas bajo el chorro, besándose con hambre. Lenguas enredadas, manos en tetas, pellizcando pezones. Sofia empuja a Alba contra el azulejo, rodillas al suelo, lamiéndole el coño. Chapoteo húmedo, Alba gimiendo: ¡Sí, méteme la lengua en el chochito! Alba abre piernas, clítoris hinchado brillando. Sofia chupa, dedos en el culo de Alba, entrando y saliendo.

Carmen pegada a mi espalda, su aliento caliente en mi cuello, tetitas firmes contra mí. Mi mano sube a su hombro, tiembla. Ella besa mi piel sudada, suave. Giro la cabeza, labios rozan. Primer beso, dulce, salado de sudor. Sus manos desabotonan mi camisón, pechos libres, se aprietan.

El clímax en la penumbra del sótano

Nosotras también, joder. Manos bajan, levanto su camisón, nalgas redondas, suaves como melocotones. Dedo en su raja, mojadita ya. Ella gime bajito: Patri… nos van a oír. Dedos en mi coño, frotando clítoris, resbaladizo. Nos besamos feroz, lenguas chupando saliva, sabor a frutas maduras. Sus dedos entran en mí, dos, curvados, follándome despacio. Yo en su ano, rozando el agujerito prieto, luego al coño, labios abriéndose, jugos chorreando por muslos.

Clítoris duro bajo mi pulgar, lo masajeo rápido. Ella me agarra las tetas, muerde pezón. Gemidos ahogados contra boca. Oímos a Sofia gritar: ¡Me corro, joder! Alba lamiéndole ahora. Nosotros igual, tensión en riñones, coños palpitando. Sus dedos profundos, follándome el chochito empapado, mi clítoris hinchado. Cuerpos pegados, sudor mezclándose, olor a sexo fuerte. ¡Sí, sí, córrete conmigo! Susurro ronco. Piernas tiemblan, cuernos contra manos, chorros calientes saliendo, orgasmos brutales, sofocados en besos.

De repente, voz grave: Vaya, vaya, las vecinitas calientes… La portera, sonriendo pícara. Nos acaricia pelo: No está mal, chicas. Id a ducharos, oléis a coño lejanas. Limpiémonos rápido, risas nerviosas, agua fría calmando pieles ardiendo.

Al día siguiente, pasillo. Cruce con Carmen, sonrisas culpables, guiños. Sofia y Alba en ascensor, miradas cómplices. El secreto quema, frenesí en el bloque. Cada noche, oigo pisadas… ¿quién será?

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