Estaba en mi balcón, fumando un cigarro a medianoche. El aire fresco de la noche me erizaba la piel. Oí risas… venían del piso de enfrente, quinto. La luz filtraba por las persianas entreabiertas. Me acerqué, curiosa. Joder, allí estaban: mi vecino, ese tipo alto y musculoso de unos 35, con su mujer. Ella de rodillas, chupándosela como loca. Su polla enorme, tiesa, entrando y saliendo de su boca. Gemidos ahogados, el slap-slap de saliva. Me mojé al instante. Me quedé mirando, coño palpitante.
Al día siguiente, en el ascensor. Solos. Él entró oliendo a colonia fuerte, camiseta ajustada marcando pectorales. ‘Buenas noches, ¿no?’, dijo con sonrisa pícara. Yo, en falda corta, noté su mirada bajando a mis tetas. ‘Sí… anoche estabas animado, ¿eh?’, solté, juguetona. Se tensó, pero rio bajito. ‘¿Me viste?’. Asentí, mordiéndome el labio. El ascensor paró en mi piso. Sus manos en mi cintura, me empujó contra la pared. ‘Eres una voyeur puta’, murmuró, besándome el cuello. Olía a deseo. Bajé la cremallera de su pantalón, saqué esa verga gruesa. ‘Fóllame ya’, le pedí, jadeando.
La mirada indiscreta que lo cambió todo
No llegamos al piso. Puertas cerradas, el ascensor vacío. Me levantó la falda, rompió mis bragas de un tirón. Dedos en mi coño empapado, ‘Estás chorreando, zorra’. Me giró, cara contra espejo. Polla rozando mi culo. ‘Cuidado, nos pillan’, susurré, excitada por el riesgo. Empujó fuerte, entro de golpe. ‘¡Ahhh, joder, qué prieta!’, gruñó. Follaba salvaje, embestidas profundas, slap-slap de carne. Mis tetas rebotando, gemí alto. ‘Calla, coño, que oyen’. Pero no podía, placer quemando. Me pellizcaba pezones, mano en clítoris frotando. ‘Me vengo… fóllame el culo’, supliqué. Sacó, lubricó con mi jugo, metió cabeza. Dolor-placer, ‘¡Sí, rómpeme!’. Entró todo, culo ardiendo. Follaba anal brutal, bolas golpeando. ‘Te lleno de leche, puta vecina’. Orgasmo me sacudió, coño vacío pero explotando. Él rugió, semen caliente inundándome el ojete.
El clímax en el peligro del edificio
Se corrió dentro, chorros calientes. Sacó despacio, semen goteando por muslos. Me limpió con lengua, besos. ‘Mañana repetimos’, dijo, bajando pantalón. Ascensor abrió, salí temblando, piernas flojas.
Al día siguiente, pasillo. Pasos en el corredor, eco. Él saliendo de casa, mirada cómplice. ‘¿Dormiste bien?’, preguntó su mujer detrás. Sonreí, coño aún sensible. ‘Sí, noche loca’, guiñé. Secretos quemando, roce accidental al pasar. Ya planeaba la próxima en su balcón.