Ayer por la noche, desde mi balcón, con la luz tenue filtrándose por las persianas, vi algo que me puso la polla… digo, el coño hecho un río. Mis vecinas del cuarto, Valeria y Estefanía, dos rubias buenísimas, salían del bar de enfrente. Se besaron en el parking, pero no un beso cualquiera. Estefanía se agachó de golpe, le levantó la falda a Valeria y le empezó a comer el coño ahí mismo, a la vista de todos. El sonido de los coches lejanos, el aire fresco de la noche… Valeria gemía bajito, mordiéndose el labio, vigilando. Yo, con el móvil grabando, zoom al máximo, vi la cara de Estefanía enterrada en esa chochita depilada y sin bragas. Me toqué por encima del pantalón, excitada perdida.
Al día siguiente, en el ascensor, subiendo al trabajo. Puertas que se cierran con ese clic metálico. Estefanía entra primero, sonrisa pícara. ‘¿Qué tal, vecina?’, dice, y Valeria detrás, rozándome el brazo. Huelo su perfume mezclado con algo… ¿sudor de anoche? ‘Bien… eh, anoche os vi’, suelto, nerviosa, el corazón latiendo fuerte. Silencio. Estefanía se acerca, ‘¿Y qué viste exactamente?’. El ascensor sube lento, pisos pasando. Valeria me toca la mano, ‘Nos gustó que miraras. ¿Quieres unirte?’. La tensión sube, el aire se calienta. Pulso el botón de parada entre pisos. ‘Aquí no…’, digo, pero ya me besan las dos, lenguas enredadas, manos por debajo de la blusa.
La mirada indiscreta y la tensión en el ascensor
La barriera cae. Estefanía me baja los pantalones, ‘Mira qué coño mojado tienes, voyeurcita’. Valeria me besa el cuello, sus tetas grandes contra mí. Nos apretamos en ese cubículo estrecho, olor a sexo empezando. ‘Shhh, que nos oigan los del edificio’, susurra Valeria, pero Estefanía ya me tiene las piernas abiertas, lengua en mi clítoris, chupando fuerte. Gimo, ‘Joder… sí…’. Le meto dedos en su boca para callarla. Valeria se sube la falda, sin bragas otra vez, y se frota contra mi muslo. ‘Fóllame con la mano’, pide. Le meto dos dedos en el coño, empapado, mientras Estefanía me lame el culo ahora, lengua juguetona en mi ano.
El clímax brutal y el secreto del pasillo
No aguanto. ‘Quiero vuestra polla… no, coños juntos’. Las pongo cara a cara, beso sus labios jugosos de mis jugos. Bajo, las como alternando: coño de Estefanía rasurado y salado, el de Valeria carnoso, goteando. ‘Más rápido’, jadea Estefanía, agarrándome el pelo. El ascensor tiembla un poco, ¿alguien pulsó? Miedo y morbo. Valeria se corre primero, ‘¡Me vengo! ¡Joder!’, chorro en mi cara, ahogando el gemido contra su muslo. Estefanía me monta la cara, follando mi lengua, ‘Trágatelo todo, puta vecina’. Se corre temblando, piernas flojas. Yo exploto sola, frotándome el clítoris, orgasmos en cadena, polla… coño palpitando.
Paramos jadeando, nos subimos la ropa a prisa. Botón de subir, puertas abren en mi piso. ‘Hasta mañana’, guiña Estefanía. Hoy, cruce en el pasillo. Pasos suaves en el suelo frío, olor a café. Valeria me roza, ‘Buen día, ¿dormiste bien?’. Sonrío, secreto quemando. Estefanía susurra al pasar, ‘Esta noche, balcón. Sin móvil esta vez’. El corazón late, el ascensor espera abajo. Prohibido, cerca, nuestro.