Era una noche calurosa, de esas que te hacen sudar en el piso. Las pizzas humeantes acababan de llegar, el rosado fluía sin parar. Desde mi balcón, con las persianas entreabiertas, oí risas en el piso de al lado. Paula, la madre controladora, vigilaba a su hija Elsa y a Chloé, esa pelirroja salvaje. Pero ellas se escabulleron rápido hacia su pequeña piscina en la terraza compartida del edificio.
Me asomé un poco más. La luz de la luna filtraba a través de las hojas, el agua brillaba. Se quitaron la ropa en un segundo, saltaron desnudas. Elsa con su coño liso, depilado al cero, y Chloé con esa mata rusa espesa. Sus cuerpos jóvenes chapoteaban, piernas abiertas, tetas saltando. La piel erizada por el agua fresca, pezones duros como piedras. Me quedé hipnotizada, el corazón latiendo fuerte. El riesgo de que me pillaran… uf, eso me ponía cachonda.
La mirada indiscreta que encendió todo
Pasos en el pasillo. Silencio. Era Denis, el único macho de su casa, ahora con la vista perfecta. Se acercó por detrás, su aliento caliente en mi cuello. ‘¿Hermosas, no?’, murmuró grave. No me giré. Sus manos en mis caderas, bajando lento. Llevaba falda ligera, sin bragas, como siempre en verano. ‘Chiara te vio bajar’, dijo. Sus dedos rozaron mi culo grande, lo amasaron. Yo mirando fijo: Chloé metía la mano en el coño liso de Elsa, frotando despacio.
La barrera cayó ahí. Denis levantó mi falda, aire fresco en mis nalgas desnudas. ‘No es un culo, es un culazo’, soltó Chiara, voz ronca, uniéndose. Sus manos pétrissan fuerte, inquisitivas. Se metió entre mis muslos, alcanzó mi coño húmedo. Yo apoyada en la barandilla, viendo cómo Elsa ahora tocaba la touffe de Chloé. Denis duro contra mi raja. Meses sin polla, lo necesitaba dentro. Chiara en mi hombro: ‘Fóllatela, Denis’.
La follada salvaje y el secreto compartido
Empujé hacia atrás, su glande en mis labios abiertos. Entró de golpe, profundo, hasta el fondo. ‘¡Sí, así, métemela toda!’, gemí bajito. Ritmo acelerado, boutoir fuerte. Sus huevos chocando mi clítoris hinchado. Chiara bajo mi camiseta, pellizcando pezones. ‘¡Baila su coño, hazla correrse!’, animaba. Sus dedos en mi clito, frotando salvaje. Denis pegado a mis nalgas, gruñendo. ‘Me vengo…’, jadeó. Chorros calientes llenándome el coño, desbordando por muslos.
Mi orgasmo explotó, temblando toda. Casi caigo, él me sostuvo retirándose. Semen goteando, olor a sexo fuerte. Chiara me besó suave: ‘Gracias por su leche’. Se fueron rápido. Yo subí a ducharme, piernas flojas. En el baño, luz encendida, Chloé ahí, sentada en la ducha, rasurándose el pubis. Poils rojizos en el suelo. ‘¿Me ayudas?’, pidió, abriendo nalgas. Su ano prieto, rosado. Lo dejé liso perfecto.
Al día siguiente, en el pasillo estrecho, cruzamos miradas. Denis sonrió pícaro, mano rozando mi culo disimuladamente. ‘Buenos días, vecina’, susurró. Oí pasos arriba, el ascensor zumbando. El secreto ardía, el edificio entero parecía saberlo. Chloé pasó, ahora lisa como Elsa, guiño cómplice. La tensión sigue, el peligro… adictivo.