Estoy de vacaciones en la casa de mis abuelos, un caserón enorme en St Raphaël dividido en apartamentos. La piscina es el imán, aunque el mar esté cerca. A la izquierda, Alice con sus dos niños. A la derecha, una pareja, Lena y Gabriel, casi nunca en casa. Calor pegajoso, me tumbo a vaguear.

Me despierto de noche. Pasos en el pasillo, risas ahogadas. Ruido de mesa arrastrando en la terraza común. Luz de su lámpara se filtra por las persianas. Me asomo, pulso acelerado. Los veo: Lena con un vestido ligero, Gabriel en bañador, y Alice llegando envuelta en un pareo blanco. Brisa cálida lleva susurros.

La observación que enciende todo

—Casi no vienes, Alice —dice Lena, voz baja, juguetona.

—Dudé… pero prometí. Y… joder, también quiero —responde ella, titubeando.

Lena se acerca, manos en la cara de Alice. Dedos presionan párpados, nariz, labios. Los estira, casi brutal. Alice inmóvil, altiva. Yo agarro unas binoculares viejas. Veo gotas de sudor en su frente. Mi piel pica, coño ya húmedo.

—Pásame las tijeras —susurra Lena a Gabriel.

Clic. Corte limpio en el pareo. Tetas de Alice saltan, morenas, con aros dorados en los pezones. Lena tira de ellos, suaves al principio. Alice empuja el pecho hacia adelante.

—¿Duele? —pregunta Lena, melosa.

—Un poco… pero excita más —gime Alice.

Gabriel se une, manos sobre el tanga de Alice, masajeando el coño hinchado. Tijeras otra vez, pelo púbico cae. Dedos de Lena entran en su raja mojada. Alice se arquea en brazos de él. Yo me toco, dedos en mi clítoris palpitante.

Gabriel saca la polla dura, Alice la pesa en la mano. Lena la lame, moja con saliva y jugos de Alice. Él la clava en el culo de ella, lento. Alice jadea, rictus de placer-dolor. Lena mete dedos en su coño, follándola doble. Sudor brilla, cigarras zumban. Yo tiemblo, orgasmo me sacude callada.

El clímax acuático y el secreto del pasillo

Lena se desnuda, tetas firmes. Hace que Alice mee sobre su coño abierto. Jet caliente la salpica, Lena se retuerce en éxtasis, grititos ahogados. Alice se corre encima, besos salvajes.

Todo acaba. Alice se va con harapos. Yo, empapada hasta muslos, bajo a la piscina envuelta en toalla. Noche fresca, agua tibia. Me desnudo, floto bocarriba, clítoris aún sensible.

—¡Buenas noches! —Clotilde, hija de Alice, al borde. Deja caer su toalla. Cuerpo atlético, tetas altas, coño depilado.

—Joder, qué calor… no duermo —digo, nadando cerca.

—Ni yo. Vi a mi madrastra antes… —sonrío.

Sus pies en el agua, cadena en tobillo. Me subo al borde, abro piernas. Ella toca mi pubis.

—Suave… ¿te masturbas?

—Sí… ¿tú?

Sus dedos pican mi raja. Me inclino, chupo su pezón oscuro. Boca en mi teta, lengua enloquecida. Bajamos al agua, al chorro de la salida. Ella se abre a la corriente, coño tragando agua. La sostengo, jet me folla el mío. Dedos en su chocho húmedo, ella lame mi clítoris bajo el agua. Orgasmos nos parten, gemidos en burbujas.

Al día siguiente, pasillo. Clotilde pasa, mirada cómplice, roce de manos. Secreto quema. Sonreímos. El edificio nunca fue igual.

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