Ayer por la tarde, estaba en mi balcón fumando un cigarro, con el sol filtrándose por las persianas. Oí pasos en el pasillo, ruidosos, como tacones. Miré por casualidad y ahí estaba él, mi vecino del 4ºB, Carlos. Saliendo de su piso con su mujer, pero… joder, su mirada se cruzó con la mía un segundo. Recordé todo: hace años salimos, follamos como locos en fiestas con la banda. Ahora casados los dos, pero esa complicidad sigue ahí, latiendo.

Bajé al parking a por el coche, el aire fresco del garaje me erizó la piel. El ascensor pitó, puertas abiertas. Él dentro, solo. ‘¿Subes?’, dijo con esa sonrisa pícara. Entré, pulsé 0. Silencio pesado, solo el zumbido de la máquina. Nuestros brazos se rozaron. ‘Qué casualidad’, murmuré. Él giró la cabeza: ‘O no tanto… Te vi en el balcón, mirándome el culo’. Me reí nerviosa, el corazón acelerado. ‘Eres un exhibicionista’. Sus ojos bajaron a mis tetas, apretadas en la blusa sin sujetador. ‘Sigues sin braga, ¿eh? Como antes’.

La mirada indiscreta y la chispa en el pasillo

El ascensor paró en -1. Puertas cerradas, nadie. La tensión explotó. Me empujó contra la pared, su boca en mi cuello. ‘Joder, Carina, no aguanto más’. Sus manos subieron mi falda, dedos directos a mi coño, ya mojado. ‘Estás chorreando’, gruñó. Le besé duro, mordiendo su labio. ‘Cállate y fóllame antes de que baje alguien’. La barrera cayó. Pantalón abajo, su polla dura saltó fuera, gruesa, venosa. La agarré, masturbándola rápido.

Me giró, falda arriba, culazo al aire. El frío del metal en mis tetas me ponía a mil. ‘¡Date prisa!’, jadeé, oyendo pasos lejanos en el pasillo. Entró de un empujón, polla hasta el fondo. ‘¡Ahhh, coño!’, gemí bajito, mordiéndome el labio. Embestidas brutales, piel contra piel, slap-slap eco en el ascensor. Sus manos en mis caderas, pellizcando. ‘Tu coño aprieta como siempre, puta’. Le clavé las uñas: ‘Más fuerte, cabrón, hazme correrme’. Sudor goteando, aliento caliente en mi oreja. Oí voces arriba, el corazón en la garganta. El riesgo me volvía loca, coño palpitando.

El polvo salvaje y el secreto compartido

Aceleró, bolas golpeando mi clítoris. ‘Me corro… ¡joder!’, rugió. Sentí su leche caliente llenándome, chorros potentes. Yo exploté, piernas temblando, ahogando gritos contra su hombro. ‘Sí, sí… ¡córrete dentro!’. Se quedó quieto, polla pulsando, semen escurriendo por mis muslos. Rápido, se sacó, limpió con mi tanga. Falda abajo, pantalón arriba. Botón ascensor, puertas abrieron. Salimos como si nada, sonrisas culpables.

Al día siguiente, pasillo. Luz tenue por las rendijas de las puertas. Pasos míos, eco. Él saliendo con bolsas. Nuestras miradas chocaron. ‘Buenos días, vecina’, guiñó. Sonreí, sintiendo su semen seco aún. ‘Dormiste bien?’, susurré. ‘Con tu sabor en la boca, sí’. Risa baja, complicidad ardiente. Pasamos rozándonos, secreto quemando. El ascensor pitó otra vez… ¿repetimos?

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